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lunes, 13 de enero de 2014

Eusébio, la pantera negra

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El pasado día 5 nos dejó uno de los grandes de la historia del fútbol. Eusébio da Silva Ferreira (África Oriental Portuguesa, 1942-2014) convirtió al Benfica en el dominador del fútbol europeo a inicios de los 60, y lideró uno de los equipos más recordados de la historia de los mundiales: la Portugal de 1966.
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"Eusébio se confirmó como leyenda en el Mundial de 1966: el momento culminante de mi carrera".
icen que sólo los más grandes dejan una huella diferente, imborrable. Algo así puede decirse de la huella que dejó Eusébio en su club de siempre, el Benfica. Fichado en 1960 con tan sólo 18 años, el joven talento desencadenó un conflicto con el Sporting de Lisboa que le obligó a viajar con pasaporte falso desde su Mozambique natal, y a refugiarse en una aldea en Algarve para evitar las tensiones en la capital. Aquél pasaporte falso originó problemas burocráticos que retrasaron su debut hasta 1961. Sin embargo, no necesitó mucho tiempo para conquistar el corazón de la hinchada de O Glorioso, gracias a un estilo de juego que podría decirse hacía honor a su apodo, pantera negra: potente, fuerte, rápido, con un disparo durísimo, y con una facilidad pasmosa para el gol. 

El impacto en el fútbol portugués y europeo fue tremendo: su Benfica conquistó 11 de las 15 Ligas siguientes, 5 Copas portuguesas, y se convirtió en el segundo equipo en conquistar la Copa de Europa - por partida doble - tras el repóker del Real Madrid, ganador de las 5 primeras ediciones. Eusébio se perdió la primera final conquistada en 1961 ante el Barcelona en Berna, por los problemas burocráticos antes mencionados, pero sí que estaría un año más tarde en la que el club lisboeta le ganó al Madrid de Puskas y Di Stéfano, 5-3 con dos goles de una perla de tan sólo 20 años. También disputaría y perdería tres finales más ante Milán, Inter, y Manchester United durante la década de los 60. Todo aquello le valió el reconocimiento del Balón de Oro, conquistado en 1965, y dos Balones de Plata, en 1962 y 1966.

Eusébio se confirmó como leyenda en el Mundial de Inglaterra en 1966, como el propio jugador confesaba, "el momento culminante de mi carrera". Portugal debutaba en una Copa del Mundo, y lo hacía en grupo difícil, encuadrada con Bulgaria, la potente Hungría y la vigente campeona, Brasil. Pocos apostaban por la debutante, pero Portugal venció con solvencia los tres choques, incluyendo un histórico 3-1 a Brasil con dos goles de Eusébio que sirvieron para eliminar a la campeona. Luego, anotó cuatro tantos en la remontada de un sorprendente 0-3 ante Corea del Norte, para terminar ganando 5-3. El sueño de Portugal se esfumó en semifinales, al caer por 2-1 ante la anfitriona - y finalmente campeona - Inglaterra. La estrella portuguesa anotó el único tanto de su equipo, y aún tuvo tiempo de añadir otro más en el choque que le dio el tercer puesto a su país. Eusébio se erigió en Bota de Oro de aquel Mundial con 9 tantos. Esa sería la primera y única vez que pudo mostrarse en campeonato del mundo, puesto que Portugal no volvería a clasificarse. 

En sus quince temporadas en el Benfica anotó 317 goles en 301 partidos, y acumuló mérito tras mérito: máximo goleador del campeonato portugués en 7 ocasiones, 2 veces Bota de Oro Europea, y 3 veces máximo goleador de la Copa de Europa. Luego, jugó en diversos equipos en Estados Unidos, México y Canadá, antes de volver a Portugal y poner punto y final a su carrera tras 22 años de profesional. La cerró con 537 tantos en 592 partidos, incluyendo 41 en 64 encuentros con Portugal. Su club de siempre, el Benfica, vive ahora momentos difíciles - ha perdido la pujanza de antaño tanto a nivel nacional como internacional - y Eusébio representa la gloria del pasado, aquellos momentos en los que el Benfica era el dominador de Europa, inmortalizado en la gran estatua del ariete que adorna la entrada del Estadio Da Luz. Será, para siempre, el gran Benfica de Eusébio.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Di Stéfano, la leyenda de la Saeta Rubia

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Alfredo Di Stéfano Laulhé (Buenos Aires, 1926) se ha convertido por méritos propios en una de las figuras más legendarias de éste deporte. Para muchos, especialmente los que concidieron en tiempo, el mejor de siempre. Pocos hubieran imaginado que aquél muchacho argentino, semidesconocido en España pero que llegaba a nuestro país en medio de una de las polémicas más sonadas de nuestro fútbol, iba a convertir al Real Madrid en el club más laureado del siglo XX.
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"Definir a Di Stéfano como un simple delantero sería injusto, calificarlo como centrocampista, quedarse corto. Probablemente el futbolista más completo hasta la fecha.".
uede que la sonoridad mediática que precedió la llegada de Di Stéfano al fútbol español, o la importancia que tuvo su fichaje lleven a equívoco; la gran mayoría de aficionados de su época coinciden en que el argentino no era un gran conocido entre el gran público. De hecho, la única imagen en España, y sólo para unos pocos, un amistoso entre Real Madrid y Millonarios de Bogotá, dónde Di Stéfano impresionó, fue suficiente para que Santiago Bernabéu se obsesionara con su fichaje. Un traspaso rocambolesco y polémico que sirvió para cambiar el curso de la historia.

Formado en las inferiores de River Plate, con tan sólo 17 años debutó en la Primera División argentina. Era la década dorada de los 40 para los millonarios, en los que el equipo conocido como La Máquina dominaba el fútbol argentino. Sin sitio, el pibe marchó cedido a Huracán en 1946, dónde cuajó una temporada muy notable al anotar 11 tantos en 24 partidos. Aquello le valió el regreso a las filas de River y un puesto en el once, por lo que en las siguientes tres temporadas, Di Stéfano comenzaría a forjar la leyenda de La Saeta Rubia, como fue apodado por la prensa de su país: 53 tantos en 71 partidos y debut con la albiceleste. Ya en 1949, una huelga de futbolistas en Argentina provocaría un gran viraje en su vida. El primero. La mala situación económica hizo que muchos futbolistas emigrasen a Colombia, donde los sueldos para los futbolistas eran mucho más altos. Así, Di Stéfano cerró etapa en su país de origen con dos campeonatos de Liga (1945 y 1947), y una Copa América (1947) en la mochila, y se enroló en las filas de Millonarios de Bogotá en 1949, en un fichaje que se encontraba fuera del marco legal de la FIFA, factor que luego fue decisivo.

Habilidoso, rápido, liviano, manejaba bien ambas piernas y remataba de cabeza; definir a Di Stéfano como un simple delantero sería injusto, o calificarlo como un centrocampista sería quedarse corto. Era un futbolista de un tremendo recorrido, capaz de bajar a recibir, asociarse con sus compañeros y tener los números de un auténtico nueve. Probablemente el futbolista más completo hasta la fecha. Por eso no es de extrañar que Real Madrid y Barcelona se pelearan por su fichaje aquél verano de 1953, pero lo que pocos sospechaban es lo que vendría después. A la llegada de Di Stéfano a España, el Barça de las 5 Copas - con Kubala al frente - dominaba el fútbol español y europeo. Era aún la época de la Copa de Ferias, precursora de la Copa de Europa. Con el jugador argentino, Bernabéu consiguió el golpe de efecto que buscaba, y el Real Madrid se llevó 8 de las 10 Ligas siguientes, junto a una Copa del Generalísimo. Pero sin duda, lo que más profundamente marcó la trayectoria de Di Stéfano fueron las 5 Copas de Europa, que el conjunto blanco se llevó en sus 5 primeras ediciones - entre 1955 y 1960 - y que aún hoy, son el principal activo de la leyenda del club. Formando un equipo formidable, con figuras como Puskas, Gento, Kopa o Rial entre otros, el Real Madrid se convirtió en una escuadra imparable, que sumó además una Intercontinental (1960), dos Copas Latinas (1955 y 1957), y un Mundialito de Clubes (1956).

Si bien sólo un lunar puede ponerse a su carrera, y es que el capricho de la fortuna quiso que nunca llegara a disputar un Mundial, pese a haber jugado con tres selecciones diferentes (Argentina, Colombia y España). Su país natal no se clasificó para las ediciones de 1950 ni 1954, como tampoco lo hizo España en 1958. En 1962, pese a estar convocado por Helenio Herrera, una lesión en los partidos preparatorios le impidió jugar, y aunque hizo el viaje junto al resto del equipo, no llegó a disputar ni un sólo minuto. Tampoco tuvo suerte en la Eurocopa de 1960, en la que tras un buen comienzo, España quedó descalificada por la decisión de Franco de no permitir al equipo viajar a Moscú, para enfrentarse a la Unión Soviética en el enfrentamiento de cuartos (recordar que la Eurocopa por entonces se disputaba a doble partido y sin sede única hasta semifinales). Había debutado con la casaca roja en 1957 ante Holanda (partido en el que hizo un hat-trick), y llegó a disputar 31 partidos con 23 goles en su haber, convirtiéndose en el máximo goleador de la historia de la Selección hasta el momento. No fue hasta 1990 que Butragueño - al que curiosamente hizo debutar él mismo en Primera División - le quitó ese récord.

Uno de las anécdotas más contadas en la vida del argentino se produjo el 20 de Agosto de 1963, mientras el Real Madrid disputaba el Mundialito de Clubes, en Caracas. Dos policías se presentaron en el hotel de concentración e invitaron a Di Stéfano a acompañarles a comisaría. Durante el trayecto, le revelaron que eran miembros del Frente de Liberación Nacional de Venezuela, y que aquello era un secuestro por motivos políticos. El futbolista fue retenido durante dos días, con la consiguiente conmoción del mundo del deporte, aunque afirma que fue bien tratado; a pesar de ello, tras ser puesto en libertad, organizó una rueda de prensa para anunciar que se encontraba bien, y pudo observar como entre los asistentes se encontraba uno de sus secuestradores - algo que disimuló y no contó hasta años más tarde.

Tras caer derrotado ante el Inter de Milán en la final de Copa de Europa de 1964, el presidente blanco, Santiago Bernabéu, decide que los días de futbolista de Di Stéfano llegan a su fin, y le ofrece un contrato para quedarse "de cualquier cosa" en el club; esto molesta al jugador, que decide marcharse al Espanyol para seguir jugando, durante dos temporadas más, antes de colgar las botas. Cierra su brillante carrera con 510 tantos en 698 partidos, cinco trofeos Pichichi, y dos Balones de Oro.

Tras retirarse, Di Stéfano se convierte en entrenador, y entre sus méritos figuran una Liga que consigue con el Valencia en 1971, dos títulos argentinos con Boca y River, o hacer debutar a la Quinta del Buitre durante su etapa en el Real Madrid (1982-1984). El club blanco supo reconocer la trayectoria de éste genio del balón otorgándole la Presidencia de Honor en el año 2000, un reconocimiento merecido para un futbolista que dejó una de las huellas más profundas e imborrables en nuestro fútbol, elevando al Real Madrid a los altares de la leyenda.

jueves, 26 de julio de 2012

La última sinfonía de Matthias Sindelar

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La historia de Matthias Sindelar (Kozlov, 1903-1939) es una de tantas y tantas de futbolistas cuya trayectoria quedaría profundamente marcada por los sucesos acontecidos en la Segunda Guerra Mundial. Nacido en una familia judía de origen checo, su padre, herrero de profesión, se trasladó a Viena en 1906 en busca de trabajo. Fue en aquellas calles donde el pequeño Matthias comenzaría a dar sus primeras patadas a un balón.

Con tan sólo 15 años, fichó por el Hertha de Viena, para luego dar el salto al Austria de Viena en 1925, único club profesional de su carrera, y con el que conquistó tres Copas de Austria en sus tres primeras campañas. Cuentan las historias que Sindelar era un delantero elegante, técnico y resolutivo, pero también tremendamente correcto y deportivo, ganándose el apodo de Mozart por su clase y elegancia. Un año más tarde de su debut con su club, jugó su primer partido con el combinado austriaco, dónde marcaría una época. Bautizado como Wunderteam (equipo maravilloso), Austria vivió su edad dorada a comienzos de los años 30, que le llevarían a jugar las semifinales del Mundial de 1934, donde caería ante la campeona Italia por la mínima, y a la medalla de plata en las Juegos Olímpicos de Berlín, dos años más tarde y ante el mismo verdugo. Un éxito que aún hoy no ha sido superado por el país centroeuropeo. Sindelar ya era considerado por muchos como el mejor delantero de Europa del momento y uno de los mejores de todos los tiempos, e incluso llegó a hablarse de un posible interés del Manchester United por hacerse con sus servicios, traspaso que nunca llegó a producirse.

Matthias Sindelar, a la
izquierda.
En 1938, la invasión nazi llegó a Austria, como a buena parte de Europa. El nuevo régimen concertó un partido de "bienvenida" entre austriacos y alemanes, en el que se esperaba que el conjunto austriaco no planteara demasiada oposición al combinado teutón. Por supuesto, Sindelar fue convocado a aquél encuentro, y mostró abiertamente su rechazo a las autoridades germanas al convertirse en el gran artífice de la victoria de Austria por 2-0 sobre Alemania, anotando uno de los tantos, que celebró efusivamente ante la mirada de los dirigentes. Sería la última gran sinfonía del Mozart del fútbol. Tras aquello, la Gestapo siguió de cerca su comportamiento, llegándolo a acusar de simpatizante judío, agravado por las continuos oídos sordos del futbolista a la llamada para jugar en la selección de Alemania. Finalmente, el 23 de Enero de 1939, Matthias Sindelar, el mejor futbolista austriaco de todos los tiempos, fue hallado muerto en su apartamento de Viena junto a su novia, Camilla Castagnola, también de origen judío. La versión oficial hablaba de inhalación de monóxido de carbono como causa de la muerte, que fue rápidamente atribuida a un suicidio. Sin embargo, conocidos los hechos que acontecieron en aquella época nefasta, ya nadie pone la mano en el fuego. Aquello nunca fue esclarecido, y sea como fuere, así se marchó con sólo 36 años un gran futbolista y un héroe en su país; sus 27 goles en 44 partidos internacionales, su juego elegante, y su oposición al régimen invasor, le valieron para ser elegido mejor deportista de Austria en el Siglo XX.

miércoles, 13 de junio de 2012

Shevchenko, la culminación de un sueño

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El fútbol es un deporte lleno de momentos emotivos, grandes. Seguro que pocos deportistas han soñado como Andriy Shevchenko (Dvirkivschyna, Ucrania, 1976) con uno como el que se vivió ayer en Kiev en el encuentro ante Suecia. En el esperado debut en su Eurocopa, un evento que ha sido catalogado como el más importante en la historia de Ucrania desde su independencia, y que una de las figuras más importantes que ha dado el fútbol europeo en los últimos quince años no ha querido perderse por nada del mundo. A punto de cumplir 36, la leyenda del fútbol ucraniano ya no tiene la velocidad de antaño, pero sigue teniendo intacto eso que hace a los grandes delanteros: el olfato.

Shevchenko, leyenda viva del fútbol
ucraniano.
Nacido en un pequeño pueblo a 96 kilómetros de Kiev, hijo de una profesora de guardería y de un capitán de la Armada Roja Soviética, con tan sólo nueve años, una de las mayores catástrofes medioambientales de la historia, el accidente nuclear de Chernóbil, obligó a Shevchenko y su familia a emigrar a las cercanías del Mar Negro. Tan sólo cuatro semanas antes del accidente, ocurrido en Abril de 1986, Shevchenko ya había sido descubierto por un ojeador del Dinamo de Kiev, uniéndose a las categorías inferiores del club más importante de la región. El club estaba entrenado entonces por el mítico Valeriy Lobanovskyi, que sería posteriormente uno de los entrenadores más importantes en la carrera de aquél niño que apenas daba sus primeros pasos en el mundo del fútbol.

Tras destacar en las categorías inferiores, debutó en el primer equipo del Dinamo de Kiev el 28 de Octubre de 1994, con tan sólo 18 años; anotó un 1 gol en 17 partidos en su primera temporada, pero su explosión definitiva se produciría al año siguiente. Shevchenko marcó 16 tantos en 31 partidos en su segunda temporada, coincidiendo su eclosión una época dorada del Dinamo de Kiev a las órdenes de Lobanovskyi, que ganaría las cinco ligas siguientes de manera consecutivo. Recibió su primera llamada para el equipo nacional con tan sólo 19 años. En la plenitud de su carrera, Shevchenko era un delantero rápido, de excelente disparo y una muy buena definición en el uno contra uno - con espacios, absolutamente mortal.

Su explosión internacional en 1998
en un enfrentamiento ante el
Barcelona.
Su salto a la fama internacional le llegó en la temporada 97-98, cuando el sorprendente Dinamo de Kiev goleó doblemente al Barcelona de Louis Van Gaal en Liga de Campeones por 3-0 en Kiev, y 0-4 en el Camp Nou, con "hat-trick" de Shevchenko. Formando una pareja letal con Rebrov, y junto a una gran generación de jugadores ucranianos, la temporada siguiente el Dinamo y su gran estrella siguieron ampliando su leyenda, al derrotar al vigente campeón, el Real Madrid, en cuartos de final y acceder a las semifinales de Liga de Campeones por primera vez en la historia de un club ucraniano. Shevchenko anotó los tres goles de aquella eliminatoria y su fama creció como la espuma; se le asoció a los mejores clubes de Europa, y finalmente fue el Milán el que se hizo con el jugador por unos 26 millones de Euros, el traspaso más caro de un jugador ucraniano hasta la fecha. Con la marcha de Shevchenko, se inició un desmembramiento de aquél gran equipo, que vio como sus mejores jugadores iban recalando en grandes clubes del continente.

En su paso por Milán, Sheva dejó una huella imborrable, y terminó de asentarse como uno de los mejores goleadores del mundo. Se proclamó capocannoniere del Calcio en su primera temporada, con 24 tantos, los mismos que marcó en su segunda campaña en Italia. Tras dos años en los que las lesiones mermaron algo su rendimiento, volvió a erigirse héroe milanista al anotar el penalti decisivo con el que el Milán se proclamó campeón de Europa en 2003 ante la Juventus. Tras ganar aquella Liga de Campeones, viajó a Kiev para depositar la medalla de oro conseguida sobre la tumba del que siempre consideró como a un padre, su técnico del Dinamo, Valeri Lobanovskyi, fallecido en 2002. La leyenda del fútbol soviético y ucraniano había guiado su carrera desde muy joven; cuenta que en su juventud, Shevchenko fumaba hasta 30 o 40 cigarrillos diarios; Lobanovskiy le obligaba a tomar una bebida hecha con nicotina, que le hacía enfermarse, hasta que acabó con su adicción por el tabaco. El futbolista siempre consideró al técnico como una de las claves en su carrera para poder llegar a la cima.

Shevchenko, ganador
del Balón de Oro 2004.
A pesar de no haber tenido su mejor temporada, aquél gol en la final volvió a estimular la carrera de Shevchenko, que anotó de nuevo 24 goles en 2004 para dar el Scudetto al Milán tras cinco años de sequía, y ganar el Balón de Oro como mejor futbolista de Europa. Sin embargo, en su etapa milanista, también tuvo tiempo de vivir la otra cara de la moneda; en la final de Liga de Campeones de 2005, el delantero marró el penalti que daba el título al Liverpool, algo que sin embargo el propio jugador valora: "perder ante el Liverpool fue un momento bonito. Nunca lo cambiaría; incluso aunque perdimos, aprendimos de aquello". Así, la suerte que había tenido dos años antes de dar el título al Milán, se le negaba ésta vez. Un año después, tras otra buena temporada, Abramovich y Mourinho buscaban delantero de primer nivel para su proyecto, y la tentación desde Londres - que ya había llegado seriamente un año antes al rechazar el Milán una oferta del magnate ruso de 75 millones de Euros - le llevaron finalmente a un traspaso al Chelsea, el más caro de la Premier League hasta ese momento, por unos 45 millones de Euros. Para entonces, Shevchenko era ya todo un ídolo en Milán, convertido en el segundo máximo anotador en la historia del club rossonero, con 175 tantos en 322 partidos, sólo por detrás de Gunnar Nordahl. En la actualidad, también es el tercer máximo goleador histórico de la Liga de Campeones, tras Raúl y Van Nistelrooy.

Aquél mismo año también tuvo la oportunidad de jugar el primer gran campeonato internacional con Ucrania, tras haberse quedado a las puertas varias veces en años anteriores. El conjunto ucraniano alcanzó los cuartos de final en el Mundial de Alemania, cayendo ante la campeona, Italia, por 3-0. Shevchenko es el máximo goleador en la historia del combinado ucraniano con 48 goles en 109 apariciones, y el segundo que más veces ha vestido la elástica amarilla de su país hasta la fecha. Tras el Mundial, lo cierto es que su andadura por el Chelsea no fue todo lo bien que se esperaba; sus continuas lesiones y una evidente pérdida de velocidad le impidieron alcanzar su mejor nivel en Londres. Con 22 tantos en 77 partidos, acabó abandonando el club tres años después de su llegada, incluyendo una cesión de nuevo al Milán donde tampoco rindió. En 2009 retornó a su club de origen, el Dinamo de Kiev, dónde aún sigue sumando algunos goles cada temporada a su ya larga lista, a la vez que sirve de ejemplo en el club para los más jóvenes.

Es un tipo comprometido con su pueblo, posee una fundación destinada a recolectar fondos para ayudar a niños sin hogar en su Ucrania natal. Por eso, imagino que llevaba tanto tiempo soñando un momento como éste: "Jugar para Ucrania es aún más importante; es mi país, es mi gente, que me respeta. Juego para la gente. No por nada más, sólo por ellos". Debutar en la Eurocopa, en Kiev, con remontada y con dos goles de la leyenda - Andriy Shevchenko - sin duda suenan al guión del mejor de los sueños.

martes, 20 de marzo de 2012

Johan Cruyff, el holandés volador

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Cruyff en un partido de Copa de Europa
ante el Benfica, en 1968.
Johan Cruyff (Amsterdam, 1947) es, además de uno de los mejores jugadores de la historia, también uno de los más influyentes en el fútbol moderno. Siempre pegado a un balón desde muy pequeño, con tan sólo diez años se llevó la alegría de su vida cuando recibió una carta de admisión en las filas del Ajax de Amsterdam, el equipo de sus amores, y con el que debutó a los dieciséis en partido oficial ante el Groningen. Cruyff era un delantero rápido, desequilibrante, habilidoso, con un buen manejo de las dos piernas y una excelente técnica individual. Sin embargo, destacó también por su influencia en el juego; como diría su técnico en el Ajax, Stephan Kovacs, "El juego de Cruyff no es el de Pelé, Di Stéfano o Kopa. Es sencillamente, el suyo, inimitable. Cruyff es el mejor táctico del mundo". Fue la pieza clave del llamado fútbol total, con el que el Ajax y la selección holandesa maravillaron al mundo en la primera mitad de los 70.

Con Cruyff, el Ajax vivió los mejores momentos de su historia. El fútbol holandés, hasta entonces desconocido, se asomaba por primera vez al panorama internacional, al proclamarse campeón de Europa durante tres años consecutivos (de 1971 a 1973), además de perder otra final ante el Milán en 1969. En ésta época, jugó 318 partidos partidos oficiales y anotó 246 goles, además de ganar la Eredivise en seis ocasiones, la Copa Holandesa en otras cuatro y una Intercontinental. El delantero holandés se covirtió en la estrella más rutilante del fútbol europeo y mundial, ganando también un Balón de Oro. En el verano de 1973, la apertura del fútbol español a jugadores extranjeros de cualquier nacionalidad - dos por club - revolucionó el mercado y pronto comenzaron a aparecer especulaciones sobre los jugadores más codiciados.

Su fichaje por el Barça fue difícil
y muy mediático.
Cuando Johan Cruyff aterriza en Barcelona en 1973, el equipo azulgrana atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia, tras catorce años de sequía. Los últimos títulos se remontan a la época de Helenio Herrera en el banquillo, con figuras como Kubala, Kocsis o Luis Suárez en el campo. Rinus Michels, el entrenador con el que Cruyff había conseguido sus primeros éxitos en el Ajax, había sido contratado por el club azulgrana un par de años antes y no terminaba de encontrar el camino. Con la necesidad de volver a la senda de la victoria, el Barça comienza en unas negociaciones interminables que llenó portadas y portadas de periódicos en aquél verano de 1973. Finalmente, desembolsa una cantidad que le convierten en el fichaje más caro hasta ese momento: 2 millones de Dólares - alrededor de 1.5 millones de Euros - un sonado récord que dio la vuelta al mundo. El holandés llegó a Barcelona con la aureola de ser el mejor jugador del momento.

Cruyff, con el mítico número 14 que
lució en el Mundial de 1974.
En su primera temporada, con Cruyff a la cabeza, el Barça exhibe un buen fútbol y se proclama campeón de Liga con superioridad, dejando momentos históricos como el 0-5 al Real Madrid en el Bernabéu. Pero sin duda, uno de los goles más recordados fue el que Cruyff le hizo al Atlético de Madrid, por el que se le conocería cómo el holandés volador. Lo cierto es que su ciclo de cinco años en el Barça se cerró tal vez con menos éxito del esperado - una Liga en su primera temporada y una Copa en la última - pero Cruyff dejó detalles imborrables en la memoria de los aficionados al fútbol y se convirtió en un a figura muy querida. Durante su etapa como azulgrana gana otros dos Balones de Oro, y se convierte en el gran protagonista del Mundial de 1974 en el que Holanda, la asombrosa Naranja Mecánica, que venía haciendo el mejor fútbol de torneo, cae en la final ante la Alemania de Beckenbauer y Müller por 2-1. Cruyff nunca olvidaría el pegajoso marcaje al que lo sometió el alemán Berti Vogts aquél día.

Tras cinco años como azulgrana, sus problemas con la directiva le llevan a emigrar a Estados Unidos para jugar en Los Angeles Aztecs y los Washington Dimplomats, para luego retornar a la Liga Española y jugar algunos partidos en el Levante, antes de poner punto y final a su carrera en Holanda. Tras dos temporadas exitosas en el Ajax, su enfrentamiento con la directiva del club, que lo consideraban ya demasiado veterano para seguir jugando, lo lleva a fichar por el eterno rival, el Feyenoord. Allí les demuestra lo equivocados que estaban, al llevar al club de Rotterdam al doblete, los primeros títulos del club en diez años y los últimos de su carrera. Tras esa temporada se retira, en 1984, con 400 goles en 711 partidos en su haber, incluyendo 33 en 48 partidos como internacional. La importancia de Cruyff no sólo radica en una fantásticas condiciones que le convirtieron en el jugador más laureado de su época, sino también en su particular manera de entender el fútbol colectivo, que supusieron una revolución táctica en la década de los 70, y que fueron la base de su carrera como entrenador. En palabras del propio Cruyff, "El fútbol en aquella época era muy aburrido. Parecía que sólo se podía ganar defendiendo. Nosotros demostramos que se podía jugar al ataque y ganar igual."

viernes, 13 de enero de 2012

Michel Platini, alma de Bleu

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Platini, celebrando la victoria en la
Eurocopa de 1984.
Michel Platini (Joeuf, Francia, 1955) es, junto a Zinedine Zidane, el futbolista francés más representativo de todos los tiempos y está considerado como uno de los más grandes de la historia. Nacido en un pequeño pueblecito de Lorraine, con sólo diecisiete años hizo su debut en la máxima categoría del fútbol francés, en las filas del AS Nancy, el club más importante de la región. Michel Platini era un 10 de los de antes, elegante e inteligente, con gran visión de juego y gran llegador en segunda línea - de hecho es uno de los centrocampistas más goleadores de la historia - gracias a su excelente disparo. No era, sin embargo, muy dado al trabajo físico, porque en palabras de Trapattoni: "Platini siempre decía que no ibamos a correr las olimpiadas, que había que jugar con los pies". Sus excelentes condiciones y su particular filosofía le valieron para cambiar el rumbo del fútbol francés y de uno de los grandes del fútbol italiano.

Su buen rendimiento en el Nancy le llevó al debut con el equipo nacional en 1976, y disputó su primer Mundial en 1978. El fútbol francés pasaba entonces por un momento difícil; muy lejos quedaban figuras de la talla de Kopa o Fontaine, allá por los 50, y el combinado "bleu" no se había clasificado para un Mundial desde 1966. Francia no pasó de la primera fase de aquél campeonato, pero Platini marcó ante Argentina su primer gol en una fase final. Tras ganar la Copa de Francia en 1978 con el Nancy, un año más tarde fichó por el Saint-Étienne, que era por entonces el club más fuerte del país, dónde añadió una Liga y dos Copas de Francia a su palmarés en tres temporadas.

El año 1982 sería el de la confirmación de Platini a nivel internacional. Clasificó a su selección para el Mundial de España con un golazo de falta ante Holanda y llevó al combinado francés hasta semifinales donde cayó ante Alemania Occidental en un partido precioso que quedó para el recuerdo de los aficionados al fútbol. Con un tanto suyo, Francia llegó a ir ganando 3-1 en la prórroga, pero la competitividad de los alemanes acabó empatando el partido y accediendo a la final por penalties. Platini ya se había convertido en el ídolo de su país y en el futbolista de más talento del viejo continente. Tras el Mundial, fichó por la Juventus, histórico de Italia que buscaba su primera Copa de Europa, y fue en la "vecchia signora" donde se vio su mejor fútbol.

Platini guió a la Juventus de Trapattoni a dos Scudettos, una Copa de Italia, una Recopa de Europa, una Copa de Europa y una Intercontinental. Se proclamó por tres veces consecutivas máximo goleador de la Serie A - algo extraordinario tratándose de un centrocampista - y se llevó el Balón de Oro otras tantas. Así, condujo al club más laureado de Italia también al primer plano internacional. Además, ganó con su selección la Eurocopa de 1984 tras derrotar en la final a España por 2-0 con ambos tantos suyos y en la que fue máximo goleador con un récord de 9 goles, y disputó otro Mundial en México '86 en la que Francia repetiría historia cayendo en semifinales ante Alemania; uno de los equipos que mejor fútbol practicó y uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos se quedaba así sin su Copa del Mundo. Sin embargo, no fue ese momento sino otro -  que debería haber sido el más feliz de su carrera - el que se acabó tornando en el más duro. El 29 de Mayo de 1985 en Heysel, un tanto de Platini servía a la Juve para derrotar al Liverpool y conseguir su primera Copa de Europa. Sin embargo, el derrumbe de una grada y la avalancha que provocó 39 muertos y cientos de heridos en la que se conoce como una de las mayores tragedias ocurridas en un campo de fútbol, dejó una huella difícil de superar, una victoria que no supo a nada a ninguno de los ganadores.

Platini ejerce como presidente de la
UEFA desde 2007.
En el tramo final de su carrera, los problemas físicos, especialmente en los tobillos, le llevaron a abandonar el fútbol en 1987 con 32 años, dejando atrás más de 300 goles en algo más de 600 partidos y 72 apariciones internacionales. Luego fue seleccionador francés sin éxito, y desde entonces ocupó diferentes cargos federativos hasta ser elegido como presidente de la UEFA en 2007, puesto por el que es sobradamente conocido actualmente. Michel Platini dejó una huella imborrable en la Copa del Mundo, cambió con su juego la trayectoria futbolística de Francia y guió a la Juventus al mejor momento de su amplísima historia.


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jueves, 17 de noviembre de 2011

Roberto Baggio, il Divino

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Roberto Baggio (Vicenza, 1967), coleta al viento y 10 a la espalda, está considerado uno de los mejores futbolistas italianos de todos los tiempos. Apodado "il Divino", Baggio se formó en el equipo de su ciudad natal, el Vicenza, donde comenzó a despuntar en Serie C. Rápidamente, un grande cómo la Fiorentina se fijó en el joven jugador, pero una rotura de ligamentos en la rodilla hicieron peligrar su carrera y su traspaso al club toscano. Baggio contaba con tan sólo dieciocho años.

Sin embargo, la Fiorentina confió en él y, tras año y medio, al fin pudo debutar en el Artemio Franchi a finales de 1986. Allí, el joven jugador se convirtió en un auténtico fenómeno; sus casi cuarenta goles en tres campañas lo convirtieron en la perla más codiciada del momento. Baggio era un futbolista elegante, imaginativo, habilidoso, con una excelente conducción de balón y un buen disparo desde media distancia. Solía jugar por detrás del punta y hacía mucho daño entrando desde la segunda línea por su velocidad y regate. Tras deslumbrar en Florencia, la Juventus se hizo con sus servicios en 1990, pagando unos 25 mil millones de liras (unos 12 millones de Euros) por él, el traspaso más caro hasta la fecha.

En Turín, Roberto Baggio jugó cinco temporadas a gran nivel, en las que ganó un Scudetto, una Copa de Italia y una Copa de la UEFA, siendo además premiado con el Balón de Oro y el FIFA World Player en 1993, y el Balón de Plata un año más tarde. Se consagró a nivel internacional en el Mundial de EEUU en 1994, en el que el genial futbolista condujo a Italia a la final del campeonato con cuatro goles en las últimas cuatro rondas del torneo y que sólo la tanda de penalties apartó de la victoria. Allí viviría uno de los momentos más duros de su carrera, al mandar a las nubes el penalty decisivo que dejaba en bandeja el título a Brasil. Un año después, a pesar de las protestas de los aficionados juventinos, Marcelo Lippi decide apostar por otro joven jugador que comenzaba a despuntar, Alessandro Del Piero, y traspasa a Baggio al Milán. Con Fabio Capello en el banquillo, suma su segundo Scudetto consecutivo, pero no alcanza el nivel de protagonismo esperado y en 1997 se marcha a Bolonia, dónde firma una temporada espectacular con 22 goles en 30 partidos. Así, es traspasado al Inter, pero allí choca de nuevo con Marcelo Lippi y decide acabar su carrera en el Brescia, tras más de trescientos goles en casi setecientos partidos oficiales, lo que lo convierten en uno de los máximos goleadores de la historia del fútbol italiano.

Tras su retirada en 2004, Roberto Baggio se dedica a tareas humanitarias - es embajador de la FAO - con campañas cómo "el deporte contra el hambre" y hace años que se declara convertido al budismo. Fue un futbolista diferente, querido dentro y fuera de los terrenos de juego, que aportó un soplo de aire fresco a un fútbol italiano cada vez más táctico, y que con su juego técnico y alegre se rebelaba ante el catenaccio.



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miércoles, 12 de octubre de 2011

Teófilo "el Nene" Cubillas

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Cubillas, con el clásico "10"
que lo acompañó toda su 
carrera.
Teófilo Juan Cubillas (Lima, 1949) está considerado sin discusión el mejor futbolista peruano de todos los tiempos y uno de los grandes del fútbol mundial de todas las épocas. Formado en las categorías inferiores del Alianza de Lima, su club de siempre, Cubillas debutó en la Primera División peruana con tan sólo diecisiete años, y sus sobresalientes condiciones lo convirtieron en internacional absoluto apenas un año después. Cubillas era fundamentalmente un llegador, uno de los mejores que se recuerdan. Centrocampista con visión de juego, buena zancada, y con un excelente disparo seco y potente que le permitía anotar goles con facilidad - por algo es el medio que más goles ha anotado en las fases finales de una Copa del Mundo, con diez, en tres participaciones.

Durante la década de los setenta, junto al otro gran ídolo nacional, Hugo Sotil, formó una dupla que marcó la época más brillante en la historia del fútbol peruano, lo que le valió para ser nombrado mejor futbolista sudaméricano en 1972 por delante del mismísimo Pelé, y llevando a su selección a la histórica victoria en la Copa América de 1975, la segunda del país en toda su trayectoria. 

A nivel de club, tras pasear su juego por toda Sudamérica maravillando en la Copa Libertadores, Cubillas voló en 1973 rumbo a Europa para jugar en el Basilea, dónde no triunfó y sólo completó media temporada, siendo traspasado después al Oporto, dónde jugó tres temporadas y media más a muy buen nivel ganando una Liga y una Copa, antes de retornar a Alianza de Lima en 1977. Tras pasar por Estados Unidos, se retiró inicialmente en 1986, pero un año después, el trágico accidente aéreo que acabó con la vida de todos los jugadores y el cuerpo técnico del Alianza de Lima en plena temporada mientras marchaba primero, no hicieron dudar a Cubillas en volver a calzarse las botas para jugar lo que restaba de temporada. El final de su carrera arrojan unos números impresionantes para un centrocampista: 268 goles en 469 partidos oficiales a nivel de club, y 26 goles en 81 partidos con su selección, lo que lo convierten en uno de los medios más goleadores de la historia del fútbol. Todo ésto le ha valido para ser considerado como uno de los mejores 50 futbolistas de todos los tiempos según la FIFA.

Casualidad o no, desde la última participación de Cubillas en una Copa del Mundo, en 1982, Perú no ha vuelto a obtener un pasaporte para una fase final del máximo torneo futbolístico. Por eso, tras el gran papel realizado por la bicolor en la pasada Copa América, seguro muchos rememoraron con añoranza la época dorada del fútbol peruano allá por los años setenta, en la que Teófilo Cubillas maravillaba al mundo y era, sin duda, una pieza fundamental.

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martes, 13 de septiembre de 2011

Paul Gascoigne, uno de aquellos genios locos

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Hablar de Paul Gascoigne (Gateshead, Inglaterra, 1967) es hacerlo de uno de los mayores talentos que ha dado el fútbol británico en los últimos veinte años, pero también de uno de los jugadores más díscolos, indisciplinados y conflictivos que se recuerdan. Traspaso récord del fútbol inglés en su momento, fracaso en el fútbol italiano y una carrera llena de altibajos. Pero cuando estaba enchufado, ver jugar a Gazza era un espectáculo.
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"Gascoigne en estado puro: llegador, gran zancada, conducción y fantástico disparo".
espuntó muy joven en el Newcastle United, que lo fichó con sólo trece años y lo hizo debutar en la Premier con dieciocho. Allí comenzó a mostrarse Gascoigne en estado puro: centrocampista llegador, de gran zancada, buen regate en espacios cortos, con un excelente manejo de balón en la conducción y un fantástico disparo.

En el Newcastle jugó cuatro temporadas a gran nivel y llamó la atención de los grandes, entre ellos el del Manchester United de Alex Ferguson, que apostó fuerte por el fichaje de Gascoigne, pero finalmente fue Terry Venables quien se lo llevó al Tottenham en 1988 por 2 millones de Libras, convirtiéndose así en el traspaso más caro del fútbol inglés hasta ese momento. Como el propio Gascoigne reconocería después, ese fue uno de las grandes equivocaciones de su carrera; años más tarde, tras su paso por el Lazio, el jugador llamó a Fergusson para ofrecerle su traspaso al United, pero el técnico escocés le dijo que ya no estaba interesado en sus servicios. En su paso por el club londinense, "Gazza" ganó una FA Cup en 1991 y se convirtió en un fijo de la selección inglesa, con la que jugó el Mundial de Italia '90, dónde Inglaterra cayó en semifinales. Se convirtió en un auténtico ídolo en todo el país y en 1992, voló rumbo a Italia para jugar en el Lazio. Allí dejó algunos destellos de calidad, pero no encontró su mejor nivel, por lo que fue traspasado al Glasgow Rangers, dónde jugó a buen nivel tres temporadas y ganó dos Ligas Escocesas, y luego al Middlesbrough. En sus últimos años, ya con problemas de sobrepeso y en claro declive físico, pasó por Everton, Burnley, Gansu Tianma en china, y Boston United, antes de colgar las botas en 2004.

Por entonces, Gascoigne era ya conocido por sus escándalos fuera y dentro de los terrenos de juego y sus problemas con el alcohol, problemas que se acentuaron al dejar el fútbol. Se quedó en la ruina, ha ingresado en centros de desintoxicación en numerosas ocasiones sin éxito, se le ha diagnosticado depresión con cuadros de ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno bipolar y bulimia. En 2007 tuvo un problema estomacal y problemas cardíacos que estuvieron a punto de acabar con su vida, y en 2008 fue ingresado por un intento de suicidio. Su familia ha intentado ayudarle en vano; hasta su propio hijo, Regan Gascoigne, declaraba recientemente que "probablemente va a morir pronto. No creo que sirva de nada ayudarle. Si pudiera pedir un deseo desearía que nos dejara". Unas palabras fuertes que describen la situación actual de Paul Gascoigne, un futbolista que sin embargo, supo trasladar su "locura" a los terrenos de juego con el talento de un auténtico genio.

martes, 30 de agosto de 2011

Paolo Rossi, el héroe que resucitó a tiempo

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Rossi, resucitó ante Brasil con 3 goles
en el Mundial de España 82.
Cuando Paolo Rossi (Prato, Italia, 1956) llegó cedido por la Juventus  al Vicenza de la Serie B, allá por 1977, pocos imaginaban que éste menudo delantero acabaría por convertirse en uno de los héroes del país algunos años después. Rossi era fundamentalmente un rematador; no era ningún portento físico ni técnico, sino un hombre de área, oportunista, de buen desmarque y con un interesante abanico de recursos en la definición. Tres excelentes temporadas en el Vicenza - con el que consiguió el ascenso - y otra en el Peruggia, proclamándose "capocannonieri" en la Serie B y la Serie A le valieron para convertirse en una figura importante de la Selección Italiana, con una actuación destacada en el Mundial de Argentina '78, dónde anotó tres goles.

Rossi se perfilaba entonces cómo uno de los goleadores más prometedores del continente cuando el escándalo salpicó su carrera deportiva. El 30 de Diciembre de 1978 se produjo un empate a 2 goles entre el Peruggia y el Avellino que posteriormente fue investigado por la policía italiana dentro de una trama de amaño de partidos y apuestas ilegales. El delantero admitió haber aceptado la propuesta de un rival de dejar el marcador cómo estaba, pero se declaraba inocente de la trama de apuestas ilegales de la que se le acusaba. A pesar de ello, Rossi fue sancionado, junto con otros seis futbolistas de la Serie A - tres de ellos del Avellino - con una suspensión de tres años, que finalmente se redujo a dos tras apelar la sentencia. Eran mediados de 1980, y la prometedora carrera de Paolo Rossi - que entonces contaba con 24 años - sufría un serio revés.

La sanción concluyó apenas un mes antes del Mundial de España '82, y poco después el seleccionador Enzo Bearzot anunciaba la inclusión del delantero en la lista definitiva de Italia para el campeonato. La noticia cayó cómo una bomba entre los aficionados italianos; Paolo Rossi no había jugado un partido en dos años, por lo que había muchas dudas acerca de su rendimiento, y además su imagen había quedado seriamente dañada después del escándalo. Sólo Bearzot estaba con el delantero y le dio la titularidad desde el primer partido. Las críticas no tardaron en llegar, ya que Italia pasó la primera fase a duras penas tras tres empates, en los que Rossi no consiguió ver puerta y parecía fuera de forma. En la segunda fase, Italia necesitaba la victoria ante el gran favorito del torneo, Brasil y fue entonces cuando el criticado delantero rompió a marcar goles. Primero, con un "hat-trick" que dejó fuera a la canarinha, luego con dos goles más ante Polonia para llevar a su equipo a la final, y por último, un tanto más ante Alemania en la "finalísima" con el que Italia hizo historia.

Tras el Mundial, recuperó el reconocimiento internacional. Se llevó el Balón de Oro ese mismo año, y regresó a la Juventus, con los que ganó dos Ligas Italianas, una Copa, una Recopa y una Copa de Europa. Puso fin a su carrera a los 31 años, tras una temporada en el Milán y otra en el Hellas Verona. Con el equipo nacional participó en 48 encuentros, anotando 20 goles. Actualmente, Rossi colabora con diversos medios de comunicación italianos en los que participa cómo comentarista. Sus goles le hicieron recuperar el respeto de la gente en su país, que siempre lo recordaran cómo el héroe que reapareció justo en el momento oportuno.

martes, 26 de julio de 2011

Kanu, corazón de África

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Cuando parecía que una enfermedad de corazón truncaría la prometedora carrera de Nwanko Kanu (Nigeria, 1976) con tan sólo veinte años, éste espigado delantero nigeriano consiguió superar la enfermedad y confirmar lo que apuntaban sus prometedores comienzos. Un físico flaco y desgarbado, que roza casi los dos metros, esconde uno de los mayores talentos que ha dado el fútbol africano. Kanu es un delantero diferente; imaginativo, técnicamente fantástico, capaz de inventar cualquier genialidad en la definición. 

Tras destacar muy joven en el Ajax de Van Gaal, con el que se proclamó campeón de Europa en 1994, el Inter de Milán se hizo con sus servicios después de que Kanu asombrara al mundo en los Juegos Olímpicos de Atlanta '96. Nigeria se hizo entonces con la medalla de Oro con una actuación genial del delantero nigeriano; en el partido de semifinales, ante Brasil - que contaba con Ronaldo, Rivaldo, Juninho, Bebeto... - Nigeria remontó un 3-1 adverso para acabar ganando por 4-3 en uno de los mejores partidos de fútbol que se recuerdan en unas olimpiadas. Kanú hizo el empate a tres, que forzó la prórroga, con una genialidad dentro del área pequeña, y el gol de la victoria, ya en el tiempo añadido.

Tras su irrupción, su enfermedad fue un duro golpe y un frenazo a su carrera, y le mantuvo fuera de los terrenos de juego durante dos años, en los que parecía que su estrella se había apagado para siempre. Sin embargo, Arsène Wenger se cruzó en su camino y se lo llevó para el Arsenal en 1999. Con los "gunners", Kanú jugó cinco temporadas a muy buen nivel - en los que consiguió dos Premiership y dos FA Cup - y dejó detalles de su gran clase; formó un ataque de mucho talento, con futbolistas como Henry, Bergkamp o Pires, que convirtieron al Arsenal en uno de los equipos más poderosos de Inglaterra y del continente. Después, siguió su carrera en otros clubes ingleses como el West Bromwich o el Portsmouth, dónde ha jugado las últimas siete temporadas y en el que sumó otra FA Cup a su palmarés, marcando el gol decisivo. Con su país, Nigeria, Kanu ha sido 98 veces internacional, y participó en tres Copas del Mundo - 1998, 2002 y 2010 - anotando 21 tantos.

El pasado 12 de Junio, Nwanko Kanu puso fin a una carrera de casi veinte años con un partido homenaje en Lagos en el que participaron grandes figuras del fútbol africano del presente y el pasado, que no quisieron perdérselo. Tras superar su enfermedad, creo la Kanu Heart Foundation, para salvar vidas a enfermos de corazón; cómo el mismo dice, "si lo consigo, será como ganar la Copa de África y la Copa del Mundo juntas". Un gran gesto de un deportista ejemplar por su superación, uno de los jugadores más geniales nacidos en África, dentro y fuera de los terrenos de juego.

lunes, 18 de julio de 2011

Esta tarde, función de "Mágico" González

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"Mágico" González, 
una leyenda en el Cádiz 
de los ochenta.
Jorge Alberto "Mágico" González (San Salvador, 1958) fue un futbolista salvadoreño, conocido por ser tan genial dentro del campo cómo peculiar e indisciplinado fuera de él, que dejó en España una huella inolvidable en el Cádiz. Jorge González debutó en 1975 en el ANTEL, dónde jugó una temporada para pasar a Independiente y luego al Club Deportivo FAS, todos equipos salvadoreños, dónde desarrolló la primera parte de su carrera. El reconocimiento internacional le llegó tras clasificar a El Salvador para el Mundial de España en 1982, en los que dejó detalles de gran calidad, a pesar de que su selección perdió los tres encuentros disputados en el campeonato.


"Mágico" González era un jugador de una calidad indiscutible; rápido, habilidoso, con gran dominio del balón, con un gran cambio de ritmo y una tremenda capacidad para desequilibrar en el uno contra uno, por izquierda o por derecha. Con su calidad técnica, era capaz de inventar cualquier cosa con el balón, lo que le valió su sobrenombre. Tras aquél Mundial varios equipos europeos se interesaron por su fichaje, entre ellos el Cádiz, que fue quien se hizo con sus servicios finalmente, no sin antes de que "el Mago" hiciera una de las suyas. Cuentan que ese mismo verano, el Paris Saint Germain había cerrado ya el fichaje del futbolista, y que sólo faltaba que el jugador viajara a París para firmar su contrato. El día anterior y sin previo aviso, González decidió que aquello era "demasiada responsabilidad" y no se presentó a la cita, firmando finalmente por el club gaditano.

En Cádiz, "Mágico" se encontró en su salsa. Asiduo de las noches gaditanas, cómo el mismo reconocía sin esconderlo, se le pasaban sus fiestas nocturnas por su fantástico rendimiento en el campo. Por aquella época, se le comparó incluso con Maradona, y tras dos buenas temporadas en el Cádiz, el Barcelona decidió llevárselo de gira por Estados Unidos en el verano de 1984, aunque finalmente no se hizo con su fichaje. Según se comenta, un incendio en el hotel de concentración hizo sonar la alarma y González fue el único que no bajó a recepción; lo encontraron en la cama con una californiana, y éste acto de indisciplina fue suficiente para que los azulgrana desestimaran su incorporación. Tras una temporada en el Valladolid, en la que sólo contó en nueve partidos de Liga, regresó al año siguiente al Cádiz. Con el paso de las temporadas, "Mágico" fue perdiendo fondo físico y protagonismo, pero siempre fue un personaje muy querido en Cádiz, un auténtico ídolo. Se marchó en 1991 para volver a El Salvador, dónde se retiró en 1999. En el camino dejó recuerdos inolvidables; cómo tras una de sus juergas, previas a un partido de Copa ante el Barcelona; "Mágico" se quedo dormido y llegó tarde al partido. No pudo entrar hasta el descanso, cuando su equipo perdía por 0-3, pero tuvo tiempo de revolucionar el partido marcando dos goles y dando dos asistencias para acabar venciendo por 4-3.

Jorge González, en la actualidad.
Algunos de sus antigüos técnicos y compañeros comentaban que había que ir a sacarlo de las discotecas, que a veces se quedaba dormido en los descansos, que era capaz de dar toques y toques a una caja de tabaco o que no solía acudir a los entrenamientos físicos; pero así era "Mágico" González, genio y figura, un mago distinto que ofrecía su función cada domingo por la tarde al entregado público del Ramón de Carranza.


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martes, 28 de junio de 2011

Yashin, la araña negra

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Pocos futbolistas han dejado mejor recuerdo en el fútbol que Lev Yashin (Moscú, 1929-1990). Sus inicios nunca hicieron sospechar que aquél joven de diecisiete años, aficionado al hockey hielo y aprendiz en una fábrica de aviones durante la Segunda Guerra Mundial, acabaría convirtiéndose en uno de los mejores guardametas de todos los tiempos.
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"Impuso un estilo nunca visto en un guardameta: adelantado del marco, ordenando a la defesa, leía el juego como nadie".
l fútbol nunca le atrajo demasiado y no fue hasta esa edad - diecisiete años - que Yashin disputó su primer partido, debido a que al equipo de su fábrica le faltaba un jugador para completar el once. Aunque al principio no quería jugar de portero, sus compañeros consiguieron convencerlo debido a su envergadura y su experiencia como guardameta de hockey.

Así, comenzó una meteórica carrera que en sólo tres años le llevó al Dinamo de Moscú. Alto y corpulento, destacaba su serenidad bajo los palos, y su capacidad para sacar manos milagrosas - que le valió el sobrenombre de "La Araña Negra", por el color oscuro de la ropa con la que siempre jugaba. Impuso un estilo nunca visto en un guardameta hasta ese momento: adelantado del marco, mandando y ordenando a la defensa, leía el juego como nadie y eso le permitía anticiparse a las jugadas y estar siempre en el sitio correcto. Tras llegar al Dinamo con sólo veinte años, tuvieron que pasar cuatro temporadas hasta que Yashin consiguió hacerse con un puesto de titular, que luego mantuvo durante casi veinte años, en los que consiguió 5 Ligas y 3 Copas Rusas, convirtiéndose en un ídolo en su país y ganándose el reconocimiento internacional. Con el Dinamo, tiene un récord impresionante de 326 partidos de Liga jugados, de los cuales acabó imbatido en 270.

Con su selección, disputó 75 partidos - una cifra muy alta, teniendo en cuenta que en la época no se jugaban tantos partidos internacionales - y se proclamó campeón de Europa con la Unión Soviética en el Parque de Los Príncipes en 1960, levantando el trofeo como capitán. Además, disputó cuatro Mundiales con su país en 1958, 1962, 1966 y 1970 en los que agrandó su leyenda: tiene el honor de haber sido el único portero de la historia en ganar un Balón de Oro, en 1963, y está considerado por la FIFA como el mejor portero de la historia de la Copa del Mundo. Se retiró del fútbol en 1971, con un partido homenaje entre el Dinamo y un combinado de estrellas del fútbol mundial que no quisieron perderse la despedida de una leyenda, cómo Eusébio, Bobby Charlton o Gerd Müller.

En 1990, un cáncer de estómago acabó con su vida prematuramente a los 60 años. Posteriormente, fue nombrado en 1999 como Mejor Deportista Ruso del Siglo XX y se erigió una estatua en Moscú a su figura. Yashin es un futbolista querido en Rusia, que se convirtió, sin esperarlo, en una leyenda de este deporte y que dejó un recuerdo imborrable defendiendo la portería de una manera particular, diferente, adelantada a su tiempo; fue un genio bajo los palos, para muchos, el mejor portero de todos los tiempos.

domingo, 5 de junio de 2011

Puskas, un mago entre los magiares

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Ferenc Puskas (Budapest, 1927-2006), es uno de los mejores goleadores de la historia y una de las mayores leyendas del fútbol mundial. Hijo de un futbolista húngaro, su carrera estuvo decisivamente marcada por los acontecimientos políticos de la época en su Hungría natal, un destino que lo llevó finalmente al Real Madrid, dónde marcaría la época más brillante del club blanco.
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"Puskas manejaba la pierna izquierda como nadie, con la que poseía un fuerte remate, y hacía goles con una facilidad asombrosa".
uskas destacó muy joven; de la mano de su propio padre debutó en la Primera División en 1943, con tan sólo 16 años, en las filas del Kispest, equipo que posteriormente pasó a llamarse Honved, y en el que jugó durante treces temporadas, consiguiendo 5 campeonatos de su país, anotando 358 goles, y consiguiendo el trofeo de máximo goleador en cuatro ocasiones.

Puskas, a la derecha, en la final del
Mundial de Suiza ante Alemania, en
1954.
Bajito, pero tremendamente potente, con una gran arrancada en corto, Puskas manejaba la pierna izquierda como nadie, con la que poseía un fuerte remate, y hacía goles con una facilidad asombrosa; no era sólo un hombre de área, también sabía llegar desde atrás, caer a las bandas y asociarse con sus compañeros. En ésta época, Puskas también tuvo tiempo de asombrar al mundo; mientras la fama del Honved en Europa subía como la espuma, ganó la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952 y se proclamó subcampeón del mundo en 1954 en Suiza, con una selección húngara que quedará para la historia, con jugadores como Hidegkuti, Kocsis, Bozsik o Czibor, que fue bautizada como Los Magos Magiares (grupo étnico con el que se identifican los actuales pobladores de Hungría). Con su país, disputó 85 partidos, y marcó 84 goles, una media espectacular de casi un gol por partido.

En el Real Madrid, marcó la 
época más brillante en la historia 
del club.
Corría el año 1956 cuando Puskas viajaba a Bilbao para disputar un partido de Copa de Europa con su equipo, cuando su país fue invadido por la URSS. Puskas, junto a otros compañeros, desertó cuando marchaban por Viena, por lo que fue juzgado por traición por el gobierno soviético, y suspendido por la FIFA durante dos años. En ese tiempo, se afincó en Italia y jugó partidos de exhibición para sobrevivir, pero descuidó su preparación física. Tras la sanción, sin equipo, con bastantes kilos de más y ya con 31 años, Santiago Bernabéu decidió hacerse con su fichaje, pese a que el secretario técnico del club, José Samitier, lo desaconsejaba. El tiempo le dio la razón a Bernabéu; en el Real Madrid marcaría una época, formando la mítica delantera con Kopa, Rial, Di Stéfano y Gento. Consiguió 3 Copas de Europa, 1 Intercontinental y 5 Ligas Españolas y se coronó definitivamente como uno de los mejores goleadores de todos los tiempos, marcando 236 goles en 261 partidos en las siete temporadas que jugó en el club blanco, siendo máximo goleador de la Liga Española en otras cuatro ocasiones. En este periodo también tuvo tiempo de nacionalizarse español y disputar cuatro partidos con el equipo nacional, en los que, sin embargo, no consiguió marcar.

Se retiró como jugador en 1966, y comenzó su periplo como entrenador sin mucho éxito, que lo llevó por España, Grecia o EEUU, hasta que, finalmente, volvió de su exilio a Hungría en 1981 y comenzó a trabajar en la Federación en 1992. Falleció en el año 2006 tras una larga enfermedad, y a su muerte, seguro a muchos aficionados - sobre todo los más veteranos - les vino a la mente muchas de sus imágenes imborrables, cómo aquellos cuatro goles en la final de la Copa de Europa de 1960, en la que el Madrid goleó al Eintratch de Frankfurt por 7-3; o su medalla de oro y la final del Mundial perdida ante Alemania, que elevaron a Hungría al nivel de las grandes potencias del fútbol mundial, una generación irrepetible liderada por este mago del balón, nacido entre los magiares.

martes, 17 de mayo de 2011

Matt Le Tissier, el crack que no quiso serlo

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Con un físico algo desgarbado, 
Le Tissier poseía una calidad
en el golpeo impresionante.
Matthew Le Tissier (Guernsey, 1968), es sin duda uno de los futbolistas ingleses de más calidad del último cuarto de siglo. Peculiar como pocos, Le Tissier es un desconocido para el gran público porque siempre huyó de los contratos millonarios y de los esfuerzos de los grandes clubes británicos por hacerse con sus servicios. Se mantuvo fiel a su club de siempre, el Southampton, un club modesto dónde desarrolló toda su carrera desde 1986 a 2002 y no ganó ningún título.

Delantero alto, desgarbado, no muy veloz, con un físico no habitual en un deportista de élite, el "7" escondía una técnica única, con un gran regate en corto y una clase en el golpeo espectacular, lo que le hace poseer una gama de goles impresionante. Cada gol de "Le God" - como lo conoce la hinchada de los "Saints" - es una obra de arte. Con su club de siempre jugó 16 temporadas, con más de 500 partidos, y anotó 201 goles, 162 de ellos en Liga. Además tiene otro récord curioso: lanzó 50 penalties a lo largo de su carrera y tan sólo falló uno.

Siempre prefirió vivir bien, y no bajo
las obligaciones del futbolista de élite.
Nacido en Guernsey, una isla situada en el Canal de la Mancha, entre Francia e Inglaterra, "Matt" pudo elegir entre jugar con cualquiera de las dos selecciones y se decidió por la inglesa, con la que jugó tan sólo 8 partidos, y nunca fue un fijo. No era de extrañar; Le Tissier amaba el juego, pero no las obligaciones propias de un futbolista de primer nivel. Nunca quiso estar en primera página y nunca quiso fichar por un grande, a pesar de que tuvo importantes ofertas sobre todo del Manchester United, porque según él "ahí no podría tomarse su cerveza ni comer chocolate".

Se retiró en 2002, recibió un homenaje de su club de siempre, y actualmente trabaja para Sky como comentarista y se prepara para ser entrenador. Todos los expertos señalan que Le Tissier tenía talento para ser uno de los más grandes futbolistas de la historia del fútbol británico, pero él, sencillamente, no quiso serlo. Como diría después "sólo estamos aquí para pasar un buen rato". Y ese buen rato - gran rato de fútbol - se lo llevaron los hinchas del Southampton inglés.