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sábado, 29 de junio de 2013

El comienzo de un sueño: España, campeona de Europa 2008

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Muchas fueron las frustraciones futbolísticas que se acabaron al fin aquél 29 de Junio de 2008, cuando España se proclamó campeona de Europa por segunda vez en su historia. Aquél día recobramos la esperanza perdida tras cuarenta y cuatro años de travesía por el desierto. Hoy, cinco años después, el sueño que empezó entonces aún continúa. 
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"Con nuestro fútbol nos enfrentamos a todos nuestros miedos en 2008, y vencimos".
omo ocurre con casi todo lo bueno, los comienzos no fueron fáciles. Tal vez por eso se disfruta más cuando llega. La contratación de Luis Aragonés en 2004 traía bajo el brazo la promesa de revolucionar el fútbol español, de romper con el pasado. Por eso la decepción de 2006 fue tan mayúscula. Comenzamos como nunca, perdimos como siempre. Nos estrellamos ante una Francia experimentada, con más jerarquía sobre el campo, con más galones. Ellos se creían que podían ganar un Mundial - venían de ganarlo no hacía mucho - nosotros, no. Acabaron subcampeones, y nosotros no llegando ni siquiera a cuartos.

Tampoco en la clasificación para nuestra Eurocopa de 2008 mejoró la cosa. Dos sonrojantes derrotas consecutivas, en Belfast ante Irlanda, y en Solna ante Suecia, nos ponían entre la espada y la pared. Pero entonces, algo cambió, gradualmente, pero lo hizo. Jóvenes de talento como Iniesta, Silva o Cazorla comenzaron a ganar protagonismo, y "veteranos" como Xabi Alonso, Ramos o Xavi ganaron peso; Albelda o Raúl, entre otros, dejaron paso. Y esa sabia nueva, esos bajitos con un talento especial para tocar el balón, fueron formando una sociedad, conformando un estilo que hoy en día es, y debe seguir siendo innegociable

Con ese fútbol nos enfrentamos a todos nuestros miedos en 2008, y vencimos; a Italia, en la tanda de penalties y en cuartos, rompiendo esa barrera que parecía infranqueable. Con la eterna colaboración de Casillas, que siempre está cuando se le espera; y la aportación de un todoterreno como Senna, hombre clave que se cargó el trabajo oscuro en el medio campo para dar libertad creativa al resto. Y eso que la lesión en semifinales de nuestro mejor goleador, David Villa, en otros momentos hubiera sido un drama.  Muchos ya nos dábamos por satisfechos con haber roto el maleficio, pero España nos regaló una espectacular segunda parte ante Rusia que nos metió de lleno en la final, y nos dio impulso para pasar por encima de una Alemania que aquél día le hubiese gustado que se jugara con dos balones. Al final, la imagen del Niño Torres comiéndole la tostada a Lahm y al inefable Lehman, quedaron para el recuerdo. Eso fue el 29 de Junio, un día emocionante que sirvió para liberarnos de tantas frustraciones, y comenzar un sueño por el que ya desfilan dos Eurocopas y un Mundial, y al que mañana podría sumarse una Copa Confederaciones. Un sueño del que aún hoy, cinco años después, aún luchamos por no despertarnos.




Los campeones de Europa en 2008

NroJugadorEdadDemClub
1Iker Casillas27PORR.Madrid
13Andrés Palop34PORSevilla
23Jose Manuel Reina25PORLiverpool
2Raúl Albiol22DFCValencia
18Álvaro Arbeloa25DFDLiverpool
11Joan Capdevila30DFIVillarreal
2Juanito Gutiérrez31DFCBetis
4Carlos Marchena29DFCValencia
3Fernando Navarro26DFIMallorca
5Carles Puyol30DFCBarcelona
15Sergio Ramos22DFDR.Madrid
14Xabi Alonso27MECLiverpool
12Santi Cazorla23MEPVillarreal
10Cesc Fábregas21MEPArsenal
22Rubén De la Red23MECGetafe
6Andrés Iniesta24MEPBarcelona
19Marcos Senna32MECVillarreal
21David Silva22MEPValencia
8Xavi Hernández28MECBarcelona
17Dani Güiza27DELMallorca
16Sergio García25DELZaragoza
9Fernando Torres24DELLiverpool
7David Villa27DELValencia

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Di Stéfano, la leyenda de la Saeta Rubia

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Alfredo Di Stéfano Laulhé (Buenos Aires, 1926) se ha convertido por méritos propios en una de las figuras más legendarias de éste deporte. Para muchos, especialmente los que concidieron en tiempo, el mejor de siempre. Pocos hubieran imaginado que aquél muchacho argentino, semidesconocido en España pero que llegaba a nuestro país en medio de una de las polémicas más sonadas de nuestro fútbol, iba a convertir al Real Madrid en el club más laureado del siglo XX.
P
"Definir a Di Stéfano como un simple delantero sería injusto, calificarlo como centrocampista, quedarse corto. Probablemente el futbolista más completo hasta la fecha.".
uede que la sonoridad mediática que precedió la llegada de Di Stéfano al fútbol español, o la importancia que tuvo su fichaje lleven a equívoco; la gran mayoría de aficionados de su época coinciden en que el argentino no era un gran conocido entre el gran público. De hecho, la única imagen en España, y sólo para unos pocos, un amistoso entre Real Madrid y Millonarios de Bogotá, dónde Di Stéfano impresionó, fue suficiente para que Santiago Bernabéu se obsesionara con su fichaje. Un traspaso rocambolesco y polémico que sirvió para cambiar el curso de la historia.

Formado en las inferiores de River Plate, con tan sólo 17 años debutó en la Primera División argentina. Era la década dorada de los 40 para los millonarios, en los que el equipo conocido como La Máquina dominaba el fútbol argentino. Sin sitio, el pibe marchó cedido a Huracán en 1946, dónde cuajó una temporada muy notable al anotar 11 tantos en 24 partidos. Aquello le valió el regreso a las filas de River y un puesto en el once, por lo que en las siguientes tres temporadas, Di Stéfano comenzaría a forjar la leyenda de La Saeta Rubia, como fue apodado por la prensa de su país: 53 tantos en 71 partidos y debut con la albiceleste. Ya en 1949, una huelga de futbolistas en Argentina provocaría un gran viraje en su vida. El primero. La mala situación económica hizo que muchos futbolistas emigrasen a Colombia, donde los sueldos para los futbolistas eran mucho más altos. Así, Di Stéfano cerró etapa en su país de origen con dos campeonatos de Liga (1945 y 1947), y una Copa América (1947) en la mochila, y se enroló en las filas de Millonarios de Bogotá en 1949, en un fichaje que se encontraba fuera del marco legal de la FIFA, factor que luego fue decisivo.

Habilidoso, rápido, liviano, manejaba bien ambas piernas y remataba de cabeza; definir a Di Stéfano como un simple delantero sería injusto, o calificarlo como un centrocampista sería quedarse corto. Era un futbolista de un tremendo recorrido, capaz de bajar a recibir, asociarse con sus compañeros y tener los números de un auténtico nueve. Probablemente el futbolista más completo hasta la fecha. Por eso no es de extrañar que Real Madrid y Barcelona se pelearan por su fichaje aquél verano de 1953, pero lo que pocos sospechaban es lo que vendría después. A la llegada de Di Stéfano a España, el Barça de las 5 Copas - con Kubala al frente - dominaba el fútbol español y europeo. Era aún la época de la Copa de Ferias, precursora de la Copa de Europa. Con el jugador argentino, Bernabéu consiguió el golpe de efecto que buscaba, y el Real Madrid se llevó 8 de las 10 Ligas siguientes, junto a una Copa del Generalísimo. Pero sin duda, lo que más profundamente marcó la trayectoria de Di Stéfano fueron las 5 Copas de Europa, que el conjunto blanco se llevó en sus 5 primeras ediciones - entre 1955 y 1960 - y que aún hoy, son el principal activo de la leyenda del club. Formando un equipo formidable, con figuras como Puskas, Gento, Kopa o Rial entre otros, el Real Madrid se convirtió en una escuadra imparable, que sumó además una Intercontinental (1960), dos Copas Latinas (1955 y 1957), y un Mundialito de Clubes (1956).

Si bien sólo un lunar puede ponerse a su carrera, y es que el capricho de la fortuna quiso que nunca llegara a disputar un Mundial, pese a haber jugado con tres selecciones diferentes (Argentina, Colombia y España). Su país natal no se clasificó para las ediciones de 1950 ni 1954, como tampoco lo hizo España en 1958. En 1962, pese a estar convocado por Helenio Herrera, una lesión en los partidos preparatorios le impidió jugar, y aunque hizo el viaje junto al resto del equipo, no llegó a disputar ni un sólo minuto. Tampoco tuvo suerte en la Eurocopa de 1960, en la que tras un buen comienzo, España quedó descalificada por la decisión de Franco de no permitir al equipo viajar a Moscú, para enfrentarse a la Unión Soviética en el enfrentamiento de cuartos (recordar que la Eurocopa por entonces se disputaba a doble partido y sin sede única hasta semifinales). Había debutado con la casaca roja en 1957 ante Holanda (partido en el que hizo un hat-trick), y llegó a disputar 31 partidos con 23 goles en su haber, convirtiéndose en el máximo goleador de la historia de la Selección hasta el momento. No fue hasta 1990 que Butragueño - al que curiosamente hizo debutar él mismo en Primera División - le quitó ese récord.

Uno de las anécdotas más contadas en la vida del argentino se produjo el 20 de Agosto de 1963, mientras el Real Madrid disputaba el Mundialito de Clubes, en Caracas. Dos policías se presentaron en el hotel de concentración e invitaron a Di Stéfano a acompañarles a comisaría. Durante el trayecto, le revelaron que eran miembros del Frente de Liberación Nacional de Venezuela, y que aquello era un secuestro por motivos políticos. El futbolista fue retenido durante dos días, con la consiguiente conmoción del mundo del deporte, aunque afirma que fue bien tratado; a pesar de ello, tras ser puesto en libertad, organizó una rueda de prensa para anunciar que se encontraba bien, y pudo observar como entre los asistentes se encontraba uno de sus secuestradores - algo que disimuló y no contó hasta años más tarde.

Tras caer derrotado ante el Inter de Milán en la final de Copa de Europa de 1964, el presidente blanco, Santiago Bernabéu, decide que los días de futbolista de Di Stéfano llegan a su fin, y le ofrece un contrato para quedarse "de cualquier cosa" en el club; esto molesta al jugador, que decide marcharse al Espanyol para seguir jugando, durante dos temporadas más, antes de colgar las botas. Cierra su brillante carrera con 510 tantos en 698 partidos, cinco trofeos Pichichi, y dos Balones de Oro.

Tras retirarse, Di Stéfano se convierte en entrenador, y entre sus méritos figuran una Liga que consigue con el Valencia en 1971, dos títulos argentinos con Boca y River, o hacer debutar a la Quinta del Buitre durante su etapa en el Real Madrid (1982-1984). El club blanco supo reconocer la trayectoria de éste genio del balón otorgándole la Presidencia de Honor en el año 2000, un reconocimiento merecido para un futbolista que dejó una de las huellas más profundas e imborrables en nuestro fútbol, elevando al Real Madrid a los altares de la leyenda.

martes, 20 de marzo de 2012

Johan Cruyff, el holandés volador

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Cruyff en un partido de Copa de Europa
ante el Benfica, en 1968.
Johan Cruyff (Amsterdam, 1947) es, además de uno de los mejores jugadores de la historia, también uno de los más influyentes en el fútbol moderno. Siempre pegado a un balón desde muy pequeño, con tan sólo diez años se llevó la alegría de su vida cuando recibió una carta de admisión en las filas del Ajax de Amsterdam, el equipo de sus amores, y con el que debutó a los dieciséis en partido oficial ante el Groningen. Cruyff era un delantero rápido, desequilibrante, habilidoso, con un buen manejo de las dos piernas y una excelente técnica individual. Sin embargo, destacó también por su influencia en el juego; como diría su técnico en el Ajax, Stephan Kovacs, "El juego de Cruyff no es el de Pelé, Di Stéfano o Kopa. Es sencillamente, el suyo, inimitable. Cruyff es el mejor táctico del mundo". Fue la pieza clave del llamado fútbol total, con el que el Ajax y la selección holandesa maravillaron al mundo en la primera mitad de los 70.

Con Cruyff, el Ajax vivió los mejores momentos de su historia. El fútbol holandés, hasta entonces desconocido, se asomaba por primera vez al panorama internacional, al proclamarse campeón de Europa durante tres años consecutivos (de 1971 a 1973), además de perder otra final ante el Milán en 1969. En ésta época, jugó 318 partidos partidos oficiales y anotó 246 goles, además de ganar la Eredivise en seis ocasiones, la Copa Holandesa en otras cuatro y una Intercontinental. El delantero holandés se covirtió en la estrella más rutilante del fútbol europeo y mundial, ganando también un Balón de Oro. En el verano de 1973, la apertura del fútbol español a jugadores extranjeros de cualquier nacionalidad - dos por club - revolucionó el mercado y pronto comenzaron a aparecer especulaciones sobre los jugadores más codiciados.

Su fichaje por el Barça fue difícil
y muy mediático.
Cuando Johan Cruyff aterriza en Barcelona en 1973, el equipo azulgrana atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia, tras catorce años de sequía. Los últimos títulos se remontan a la época de Helenio Herrera en el banquillo, con figuras como Kubala, Kocsis o Luis Suárez en el campo. Rinus Michels, el entrenador con el que Cruyff había conseguido sus primeros éxitos en el Ajax, había sido contratado por el club azulgrana un par de años antes y no terminaba de encontrar el camino. Con la necesidad de volver a la senda de la victoria, el Barça comienza en unas negociaciones interminables que llenó portadas y portadas de periódicos en aquél verano de 1973. Finalmente, desembolsa una cantidad que le convierten en el fichaje más caro hasta ese momento: 2 millones de Dólares - alrededor de 1.5 millones de Euros - un sonado récord que dio la vuelta al mundo. El holandés llegó a Barcelona con la aureola de ser el mejor jugador del momento.

Cruyff, con el mítico número 14 que
lució en el Mundial de 1974.
En su primera temporada, con Cruyff a la cabeza, el Barça exhibe un buen fútbol y se proclama campeón de Liga con superioridad, dejando momentos históricos como el 0-5 al Real Madrid en el Bernabéu. Pero sin duda, uno de los goles más recordados fue el que Cruyff le hizo al Atlético de Madrid, por el que se le conocería cómo el holandés volador. Lo cierto es que su ciclo de cinco años en el Barça se cerró tal vez con menos éxito del esperado - una Liga en su primera temporada y una Copa en la última - pero Cruyff dejó detalles imborrables en la memoria de los aficionados al fútbol y se convirtió en un a figura muy querida. Durante su etapa como azulgrana gana otros dos Balones de Oro, y se convierte en el gran protagonista del Mundial de 1974 en el que Holanda, la asombrosa Naranja Mecánica, que venía haciendo el mejor fútbol de torneo, cae en la final ante la Alemania de Beckenbauer y Müller por 2-1. Cruyff nunca olvidaría el pegajoso marcaje al que lo sometió el alemán Berti Vogts aquél día.

Tras cinco años como azulgrana, sus problemas con la directiva le llevan a emigrar a Estados Unidos para jugar en Los Angeles Aztecs y los Washington Dimplomats, para luego retornar a la Liga Española y jugar algunos partidos en el Levante, antes de poner punto y final a su carrera en Holanda. Tras dos temporadas exitosas en el Ajax, su enfrentamiento con la directiva del club, que lo consideraban ya demasiado veterano para seguir jugando, lo lleva a fichar por el eterno rival, el Feyenoord. Allí les demuestra lo equivocados que estaban, al llevar al club de Rotterdam al doblete, los primeros títulos del club en diez años y los últimos de su carrera. Tras esa temporada se retira, en 1984, con 400 goles en 711 partidos en su haber, incluyendo 33 en 48 partidos como internacional. La importancia de Cruyff no sólo radica en una fantásticas condiciones que le convirtieron en el jugador más laureado de su época, sino también en su particular manera de entender el fútbol colectivo, que supusieron una revolución táctica en la década de los 70, y que fueron la base de su carrera como entrenador. En palabras del propio Cruyff, "El fútbol en aquella época era muy aburrido. Parecía que sólo se podía ganar defendiendo. Nosotros demostramos que se podía jugar al ataque y ganar igual."

domingo, 26 de febrero de 2012

El Atlético remonta un 0-3 con doblete de Kosecki

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Desde hace ya algunos años los partidos entre Atlético de Madrid y Barcelona han sido sinónimo de espectáculo; partidos abiertos, con goles, con grandes remontadas, de todo. El caso es que el Atleti saca casi siempre la mejor cara de su fútbol ante el Barça, porque el equipo azulgrana le propone el juego que mejor le viene, le quita la responsabilidad de llevar el peso del partido y le deja espacios para contragolpear como le gusta al conjunto colchonero. Eso pasó aquél 30 de Octubre de 1993; el Dream Team de Cruyff,  que llegaba como líder ante un Atlético que luchaba por alejarse del descenso, se marchaba al descanso ganando 0-3 con una actuación estelar de Romario, que hizo los tres goles, pero en el segundo tiempo...

El Atlético de "Cacho" Heredia saltó al césped del Calderón con un once formado por: Diego, López, Juanito, Solozábal, Pedro, Quevedo, Manolo, Caminero, Pirri, Luis García y Kosecki. Mientras, Cruyff dispuso una alineación formada por: Zubizarreta, Ferrer, Koeman, Goikoetxea, Eusebio, Guardiola, Bakero, Amor, Beguiristain, Romario y Laudrup.

Con la velocidad de Kosecki como punta de lanza, el Atlético se convirtió en un torbellino a la contra en la segunda mitad; los goles fueron cayendo uno a uno, mientras el Barça, impotente, veía cómo se le escapaba la victoria. Un golazo de falta de Pedro, dos goles del polaco, más otro de Caminero en tres contras de manual, sirvieron para que el Atlético diese la vuelta al resultado y firmara una de las noches más memorables que se recuerdan en el Calderón.

jueves, 2 de febrero de 2012

La gesta histórica del 12-1 a Malta

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Sevilla, 21 de Diciembre de 1983, 8:15 de la tarde. Clasificación hacia la Eurocopa de 1984. Holanda es líder de grupo con un partido más y está virtualmente clasificada para el torneo. España juega su último partido de clasificación ante Malta con dos puntos menos - cuando las victorias contaban dos puntos - con la única y remota opción de ganar por once de diferencia para superar el goal-average de +10 que tienen los holandeses y quedar primeros. La prensa califica la hazaña como un imposible, pero España no se rindió; los once que puso el mítico Miguel Muñoz en el césped del Villamarín salieron a por todas desde el minuto 1...

España saltó al campo con: Buyo bajo palos; sólo dos defensas, Camacho y Goikoetxea; Víctor Muñoz y Maceda en el centro, con Gordillo y Carrasco en bandas, Sarabia y Señor en el enganche y "Poli" Rincón y Santillana arriba. Un equipo muy ofensivo que salió a morder a su débil rival desde el primer segundo. El partido no pudo comenzar mejor para España, con un penalty sobre Carrasco antes de los dos minutos, pero Señor estrelló nuestras ilusiones en la madera, y el objetivo parecía cada vez más lejos. Con tres goles de Santillana y un resultado de sólo 3-1 se llegó al descanso. La gesta era ya casi prácticamente imposible, y el gol maltés obligaba a llegar hasta doce.

Pero los goles fueron cayendo, uno a uno, ante la mirada incrédula de todos los que esa noche veían el partido. Santillana anotó un tanto más para irse a los cuatro, Rincón sumó otros cuatro, Maceda dos y Sarabia aportó uno. El gol de Señor a cinco minutos del final quedará recordado como uno de los mayores gritos de júbilo de la historia de nuestro fútbol. España se clasificó aquél día para una Eurocopa en la que acabaría llegando a la final, pero perdiendo ante la Francia de Platini. Con su subcampeonato, España conseguía su segunda mejor clasificación en un torneo internacional, tras la Eurocopa conseguida en 1964.