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sábado, 11 de junio de 2011

Locura en Málaga

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La primera semana de campaña ha
dejado colas interminables de miles
de aficionados, de locura.
La primera semana de la campaña de abonados del Málaga para la próxima temporada nos ha dejado unas imágenes históricas, sin precedentes en la historia del club blanquiazul: colas interminables de aficionados para sacar su abono, que han quedado casi agotados en los primeros días de campaña. Y no es de extrañar; Málaga siempre ha tenido mucha afición por el deporte en general - Unicaja ha estado llenando el Martín Carpena durante años - y llevaba mucho tiempo pidiendo a gritos una inversión como la que se está realizando, que generara ilusión. La respuesta del aficionado ha sido de auténtica locura; la próxima temporada veremos La Rosaleda más llena, y con más apoyo que nunca.

Ahora la pregunta es si el estadio es suficientemente grande ante tal respuesta, porque ronda las 30000 localidades, de las cuales se han estado vendiendo en torno a los dos tercios en abonos éstas últimas temporadas sin grandes fichajes. Quedaba claro que Málaga tenía potencial para más, mucho más. Así que no es de extrañar que, tras el baile de nombres ilustres que han venido sonando últimamente, la declaración de intenciones de Al-Thani de hacer un equipo grande, y la incorporación de Van Nistelrooy y la ya cerrada de Monreal, la ilusión se haya desatado de ésta manera. Ojalá que el equipo responda en el campo al apoyo que está recibiendo desde la grada, porque ésta afición se merece más alegrías y menos sufrimientos.

La presentación de Van Nistelrooy
también contó con gran expectación
en la grada.
Al menos, según mi opinión, las cosas se están haciendo bien. Una de las prioridades era un lateral izquierdo, y el de Osasuna es joven pero tiene experiencia y calidad - ha jugado ya tres partidos con la selección absoluta - es un lateral que me gusta, con recorrido. Van Nistelrooy llega con coste cero en cuanto a traspaso, aunque tendrá una ficha importante; es un jugador veterano, y más allá de su rendimiento - seguro que hará goles - pienso que aportará un poco de publicidad y nombre al proyecto, algo que tampoco vendrá mal. Luego han sonado otros nombres interesantes como Toulalan, un organizador que por carácter, experiencia y calidad, podría ser la figura que necesita el Málaga en el medio campo y "Lucho" González que aportaría más llegada en segunda línea, más complementario con el primero. Aún no se ha concretado nada, pero parece que lo del francés anda cerca. Esperemos que se culminen éstas operaciones y alguna más, al menos un jugador para la banda derecha y un central, para que el equipo esté a la altura que se espera. Todo queda en manos de la dirección técnica, porque la afición ya ha hecho su parte con creces.

jueves, 9 de junio de 2011

Eto'o, el león sigue indomable

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Camerún queda casi fuera de la
próxima Copa de África.
Tras empatar con Senegal a cero, Camerún queda virtualmente fuera de la próxima Copa de África que se disputará en Guinea y Gabón el año que viene, y su capitán, Samuel Eto'o, que además falló un penalty en el momento decisivo, vuelve a llevarse una decepción más en su trayectoria con los "leones indomables".

Sin embargo, al margen del resultado, me llamó mucho la atención una situación que se dio en los últimos minutos cuando el seleccionador de Camerún, Javier Clemente, ordenó la sustitución del delantero Eric Choupo-Moting - de 1.89 de estatura - a la salida de un córner. El público comenzó a protestar el cambio, y Samuel Eto'o se dirigió al espigado delantero y lo devolvió al terreno de juego agarrándolo del brazo. La cara que se le quedó a Clemente al ver la situación lo decía todo.


Ésta fue la cara que se le quedó a Clemente
mientras observaba el lío del cambio.
Aunque nunca he estado de acuerdo con sus ideas futbolísticas, no es mi intención criticar al técnico de Barakaldo, su palmarés y su trayectoria merecen un respeto. Sin embargo, me pregunto dónde queda su autoridad como entrenador después de una situación como la que se vio en el partido; si el público o el capitán del equipo deciden cuando y cómo se hacen los cambios, ¿para qué necesitan un entrenador? y aún más grave, ¿cómo se dirige ahora Clemente a sus jugadores para dar dar una indicación, si su autoridad ha quedado totalmente desacreditada?. Me sorprende mucho que no haya dimitido después de todo éste lío.

Lo que me lleva a la reflexión de que el culpable de todo esto no es exactamente Clemente, sino el que decidió contratarle. No sé bajo qué criterios contrata los entrenadores la Federación Camerunesa, pero el técnico vasco nunca me ha parecido para nada el adecuado para ése puesto, porque obviamente no tiene "feeling" de ningún tipo con los jugadores ni con el aficionado - si no, no ocurrirían situaciones como ésta - y además, tengo muchas dudas de que su conocimiento sobre el fútbol africano sea suficiente para hacerse cargo de una selección. Con estos criterios, no me extraña nada que Camerún lleve años sin salir de la mediocridad. Esto, por supuesto, tampoco justifica que lo que hizo Eto'o fue un acto de indisciplina - uno más - de un gran jugador al que le pierden estas cosas. Y es que, a sus treinta años y a pesar de los esfuerzos de muchos entrenadores, ya es casi imposible que cambie, parece que el león sigue indomable.



miércoles, 8 de junio de 2011

Ronaldo, el adiós de un grande

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Ronaldo, en el Mundial
de Corea y Japón 2002.
Hace ya 17 años, tras la final del Mundial de EEUU, en la que Brasil se proclamó campeona, recuerdo que vi a un menudo jugador celebrando la victoria, que me resultó totalmente desconocido. El comentarista dijo entonces que se trataba de una joven promesa del fútbol brasileño, que no había disputado un sólo minuto en el campeonato. Sólo dos años después ese menudo delantero irrumpió en la Liga Española con una fuerza brutal, un auténtico fenómeno, Ronaldo en estado puro. Su espectacular año en el Barça nos dejó imágenes antológicas - quién no recuerda aquél gol al Compostela - y le valieron para catapultarse a la cima del estrellato coleccionando títulos y protagonizando otro sonado traspaso al Inter de Milán sólo un año después de su llegada a Barcelona.

Cómo los grandes héroes, tras el duro golpe que supuso la derrota en la final del Mundial ante Francia en 1998  y las dos operaciones de rodilla que le mantuvieron apartado de los terrenos de juego durante casi tres años, Ronaldo se levantó - y de que manera - para llevar a su selección al pentacampeonato cuatro años después en Corea y Japón, con un juego brillante. Era la vuelta del número uno. Y Florentino Pérez, tan aficionado a coleccionar números uno, se lo llevó al Real Madrid ese mismo verano para confeccionar una plantilla de ensueño, junto a Raúl, Roberto Carlos, Figo y Zidane.

En 2002 se proclamó de nuevo
mejor jugador del mundo.
En el club blanco, Ronaldo confirmó que se trataba de uno de los mejores delanteros de la historia. Fuerte, potente, con regate, con una arrancada casi insuperable y una sangre fría en el mano a mano que yo nunca he visto en otro delantero, un auténtico "killer". El brasileño se hinchó a marcar goles, y se llevó una Intercontinental y una Liga de su paso por Madrid, dejando imágenes para el recuerdo como aquél "hat-trick" en Old Trafford; su única asignatura pendiente, sin embargo, la Liga de Campeones. Sólo las lesiones y su evidente declive físico, acortaron la carrera de un jugador que nos ha hecho disfrutar de lo lindo. Ayer dijo adiós definitivamente al fútbol con un partido homenaje de la selección brasileña ante Rumanía; nunca olvidaremos su cabeza rapada, el 9 a la espalda, sus arrancadas y sobre todo, sus goles.



martes, 7 de junio de 2011

¡Cómo pasa el tiempo!

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Ricardo Zamora, con
la clásica gorra.
Pues si, el tiempo pasa, los tiempos cambian, y las modas también. Y la vida, como el fútbol, está llena de imágenes; y siempre resulta curioso echar la vista atrás y ver cómo éramos - o cómo eran - las cosas en el pasado. A través de esas imágenes se pueden deducir muchas cosas; el fútbol, ahora convertido en deporte de masas, trae dinero y fama a los jugadores de élite, que se convierten en figuras casi tan influyentes como el más poderoso de los gobernantes. Sin embargo, hace no tanto tiempo, el deporte del balón era mucho más modesto, y las tendencias o los acontecimientos históricos de cada época se han dejado sentir a lo largo del tiempo.

España en las
Olimpiadas de
Amsterdam, 1928.
Echando la vista atrás, es difícil no dejar escapar una sonrisa al ver la estampa del mítico Ricardo Zamora, el portero más famoso del fútbol español, allá por los años 30. Por aquél entonces, Europa y España vivían momentos difíciles con la guerra y la postguerra, y en las indumentarias se notaba la austeridad del momento, con un aspecto que parece cualquier cosa menos cómodo para hacer deporte: clásicas camisas con cuello, calzones largos hasta casi la rodilla bien subidos - algunos los llevaban tan arriba, que en la actualidad taparían la publicidad de las camisetas...- y duras botas de piel y puntera, con tacos de cuero, hechas a medida. Y los porteros, con gorra y nada de guantes, una moda que no se dejaría ver hasta que el Balón de Oro, Lev Yashin, los vistió en el Mundial de Suecia en 1958, convirtiéndose en el pionero.

George Best, tan conocido 
fuera como dentro del 
terreno de juego.
Poco a poco el fútbol fue evolucionando, y ya a comienzo de los años 60 se había profesionalizado más, la prensa o la televisión comenzaban a contribuir a agrandar las figuras de los futbolistas. Las indumentarias también parecían más adecuadas para el momento, aunque algunos jugadores aún andaban lejos de la preparación física actual, con cuerpos menos atléticos. Por poner un ejemplo ilustre, la gruesa camisa difícilmente disimulaba la tripita incipiente de Puskas, lo que sin embargo nunca impidió su fantástico juego, pero deja una imagen cada vez menos frecuente hoy en día a primer nivel. A finales de los 60, apareció en Gran Bretaña un jugador que rompió moldes dentro y fuera de los terrenos de juego y nunca dejó indiferente a nadie: George Best, un jugador tan genial con el balón, cómo indisciplinado fuera del campo. En plena "Beatlemanía", el irlandés puso de moda la figura del jugador-estrella, que se pasaba las noches entre Rolls Royce, de fiesta en fiesta, y se relacionaba con las actrices más famosas del Reino Unido.

La década de los 70 trajo numerosos cambios al fútbol. Una mayor preparación física, cuya tendencia inició el Brasil de Pelé en el Mundial de México '70 debido a las críticas recibidas por la mala preparación de los brasileños cuatro años antes, tuvo como resultado unas figuras de futbolistas más delgadas y atléticas, como puede verse ojeando las imágenes del propio PeléBeckenbauerCruyff Kempes, cuatro de los grandes triunfadores de la década. En el fútbol español, la apertura del mercado a futbolistas extranjeros de cualquier nacionalidad tras varios años de cierre, supuso una locura que dejó un buen número de fichajes, junto a bacalás de calibre considerable. Y con ese circo de incorporaciones, también llegaron algunas modas curiosas, como las melenas, personificadas en el alemán del Real Madrid, Gunter Netzer, o el peruano Hugo "Cholo" Sotil del Barça, los argentinos del glorioso, Rubén Ayala o Ramón Heredia, o el malaguista "Chupete" Guerini, entre otros, que bien podrían haber salido de la portada de cualquier disco de Los Chunguitos.

Heredia y Ayala, argentinos que llegaron al Atlético en 1973,
podrían haber sido portada de cualquier elepé de Los Chunguitos.

Y tras el susto de los peinados - que realmente no tendría arreglo en los 80 - lo que llama la atención de la moda de la década es la escalada de los pantalones de los futbolistas, que en algunos casos rozaba el ridículo, y en otros se llevaba con estilo. Gran figura de uno de los mejores equipos que se quedaron sin cetro Mundial, el brasileño Sócrates creaba escuela en 1982 con un look curioso, mezcla de Kárate Kid con Ché Guevara, y esos pantalones tan cortos, que dejaban al descubierto sus largas piernas, marcando ese estilo desgarbado, tan suyo, de uno de los grandes genios de éste deporte.

Sócrates, cinta a lo Kárate
Kid, y pinta desgarbada.
Desde la década de los 90 hasta nuestros días, éste deporte ha cobrado aún más importancia, social y económica. Los jugadores se han convertido en atletas de élite, con una preparación física y mental a medida, cuidada hasta en el más mínimo detalle. Se han disparado los contratos televisivos y de imagen, y el futbolista, convertido en figura mediática, gana mucho más dinero gracias a la publicidad. David Beckham, en ocasiones casi tanto futbolista como modelo, fue uno de los primeros en traspasar la frontera, con su relación con una componente del boom musical del momento - Spice Girls - y sus continuos cambios de look, que lo convirtieron en ídolo de quinceañeras, portada de revistas, y una de las figuras más influyentes del Reino Unido, puesto que aún hoy ocupa.

En un mercado mucho más abierto, más global, ésta influencia también se deja sentir en lugares cada vez más remotos, que tradicionalmente eran algo más ajenos al fútbol. Zidane, Ronaldo o Ronaldinho levantaron pasiones en África, Oriente Medio o Asia, y otros jugadores han recogido ahora ese testigo, como Messi o Cristiano Ronaldo, que ya era un ídolo en Manchester, y que tras su traspaso millonario al Real Madrid, se ha confirmado como uno de los jugadores más mediáticos del momento. 

Y en la moda, camisetas cada vez más ajustadas, y transpirables - lo que habrá aliviado a más de uno, que no tendrá que aguantar la respiración para defender un córner - y aún sin olvidarse de algunos peinados discutibles, sin duda las botas son la estrella: sin ellas nos sería imposible saber la cantidad de colores horteras que existen. Los jugadores visten sólo prendas personalizadas de su marca deportiva, y cambian de camiseta al descanso de cada partido - claro, paga la marca; qué lejos quedan aquellos tiempos de austeridad de los comienzos. Así es la tendencia de nuestros días, la moda de hoy. Quién sabe qué pasará en unos años, pero seguro que alguien echará la vista atrás y se reirá de lo que a nosotros hoy nos parece normal. Y entonces, seguro pensará: ¡Cómo pasa el tiempo!.

domingo, 5 de junio de 2011

Puskas, un mago entre los magiares

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Ferenc Puskas (Budapest, 1927-2006), es uno de los mejores goleadores de la historia y una de las mayores leyendas del fútbol mundial. Hijo de un futbolista húngaro, su carrera estuvo decisivamente marcada por los acontecimientos políticos de la época en su Hungría natal, un destino que lo llevó finalmente al Real Madrid, dónde marcaría la época más brillante del club blanco.
P
"Puskas manejaba la pierna izquierda como nadie, con la que poseía un fuerte remate, y hacía goles con una facilidad asombrosa".
uskas destacó muy joven; de la mano de su propio padre debutó en la Primera División en 1943, con tan sólo 16 años, en las filas del Kispest, equipo que posteriormente pasó a llamarse Honved, y en el que jugó durante treces temporadas, consiguiendo 5 campeonatos de su país, anotando 358 goles, y consiguiendo el trofeo de máximo goleador en cuatro ocasiones.

Puskas, a la derecha, en la final del
Mundial de Suiza ante Alemania, en
1954.
Bajito, pero tremendamente potente, con una gran arrancada en corto, Puskas manejaba la pierna izquierda como nadie, con la que poseía un fuerte remate, y hacía goles con una facilidad asombrosa; no era sólo un hombre de área, también sabía llegar desde atrás, caer a las bandas y asociarse con sus compañeros. En ésta época, Puskas también tuvo tiempo de asombrar al mundo; mientras la fama del Honved en Europa subía como la espuma, ganó la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952 y se proclamó subcampeón del mundo en 1954 en Suiza, con una selección húngara que quedará para la historia, con jugadores como HidegkutiKocsis, Bozsik o Czibor, que fue bautizada como Los Magos Magiares (grupo étnico con el que se identifican los actuales pobladores de Hungría). Con su país, disputó 85 partidos, y marcó 84 goles, una media espectacular de casi un gol por partido.

En el Real Madrid, marcó la 
época más brillante en la historia 
del club.
Corría el año 1956 cuando Puskas viajaba a Bilbao para disputar un partido de Copa de Europa con su equipo, cuando su país fue invadido por la URSS. Puskas, junto a otros compañeros, desertó cuando marchaban por Viena, por lo que fue juzgado por traición por el gobierno soviético, y suspendido por la FIFA durante dos años. En ese tiempo, se afincó en Italia y jugó partidos de exhibición para sobrevivir, pero descuidó su preparación física. Tras la sanción, sin equipo, con bastantes kilos de más y ya con 31 años, Santiago Bernabéu decidió hacerse con su fichaje, pese a que el secretario técnico del club, José Samitier, lo desaconsejaba. El tiempo le dio la razón a Bernabéu; en el Real Madrid marcaría una época, formando la mítica delantera con KopaRialDi Stéfano Gento. Consiguió 3 Copas de Europa, 1 Intercontinental y 5 Ligas Españolas y se coronó definitivamente como uno de los mejores goleadores de todos los tiempos, marcando 236 goles en 261 partidos en las siete temporadas que jugó en el club blanco, siendo máximo goleador de la Liga Española en otras cuatro ocasiones. En este periodo también tuvo tiempo de nacionalizarse español y disputar cuatro partidos con el equipo nacional, en los que, sin embargo, no consiguió marcar.

Se retiró como jugador en 1966, y comenzó su periplo como entrenador sin mucho éxito, que lo llevó por España, Grecia o EEUU, hasta que, finalmente, volvió de su exilio a Hungría en 1981 y comenzó a trabajar en la Federación en 1992. Falleció en el año 2006 tras una larga enfermedad, y a su muerte, seguro a muchos aficionados - sobre todo los más veteranos - les vino a la mente muchas de sus imágenes imborrables, cómo aquellos cuatro goles en la final de la Copa de Europa de 1960, en la que el Madrid goleó al Eintratch de Frankfurt por 7-3; o su medalla de oro y la final del Mundial perdida ante Alemania, que elevaron a Hungría al nivel de las grandes potencias del fútbol mundial, una generación irrepetible liderada por este mago del balón, nacido entre los magiares.

sábado, 4 de junio de 2011

La brecha tiende a abrirse

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En los últimos años de Liga hemos asistido a un duelo constante entre Barcelona y Real Madrid por hacerse con el cetro de mejor equipo nacional; un cetro que se han repartido en las últimas 7 ocasiones, 8 en los últimos 10 años. Ésto no tendría nada de extraordinario, pues ha sido una constante en la historia de nuestro campeonato, si no tuviese cómo consecuencia una reflexión algo más preocupante: la diferencia que se ha observado en los últimos años entre los dos grandes del fútbol español y el resto de competidores, cada vez mayor.

El Valencia, en 2004, último equipo que
rompió la hegemonía de los dos grandes.
Y es que en las últimas temporadas se han batido casi todos los récords nacionales: de campeón con más puntos, de subcampeón con más puntos, de jugador con más goles en un año, de partidos consecutivos ganados...algo extraño teniendo en cuenta que la tendencia general en el fútbol es la de reducir diferencias, con equipos cada vez más preparados técnica y tácticamente. Preocupa ver cómo los presupuestos de los dos grandes suben cómo la espuma, lo que se traduce en desembolsos económicos más importantes, y que en muchos casos incluso sirven para debilitar a los rivales comprando a sus mejores jugadores. Mientras, el resto de equipos puede hacer poco por competir con ese derroche; la parte del pastel que les toca no les da para hacer un equipo suficientemente competitivo ni para retener a esos grandes jugadores que buscan títulos y ya saben dónde deben ir para conseguirlos. 

Atrás quedan temporadas más igualadas y emocionantes, cómo a principios de la década pasada, dónde sobre todo Valencia y Deportivo de la Coruña le ponían las cosas difíciles a Madrid y Barça y conseguían "birlarle" algunos títulos, sin olvidar al Sevilla, que también dio guerra, haciendo de ésta la Liga más competida del mundo. Creo que ahora el fútbol español debe hacer una profunda reflexión, incluyendo a los dos grandes; la pregunta es si de verdad interesa que haya tantas diferencias. Es indudable que los enfrentamientos directos entre Barcelona y Madrid han sido últimamente más decisivos que nunca, y eso, claro está, es un caramelo muy goloso para las audiencias, pero nadie puede olvidarse que a éste deporte lo hace grande su imprevisibilidad, aquello de "fútbol son once contra once, y puede pasar de todo", y la chequera de los grandes lo hace cada vez menos imprevisible, menos interesante. Y con la pérdida de interés, ellos mismos podrían acabar por reventar su propia gallina de los huevos de oro. Por suerte, ésto del fútbol es cíclico y el dinero no lo es todo; esperemos, por el bien del espectáculo, que cambie pronto la tendencia y la brecha no siga abriéndose.

En los últimos años la brecha entre los dos primeros y el
resto ha aumentado considerablemente, mientras el tercero
y el cuarto puestos se han mantenido más o menos
constantes. Los años 2002, 2003 y 2004, los más abiertos.

jueves, 2 de junio de 2011

¿Qué fue de...? Bosman

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Bosman cambió con su denuncia la
normativa de traspasos y el permitió
la libre circulación de jugadores
europeos.
Jean-Marc Bosman saltó a la fama a finales del año 1995, por una denuncia laboral que revolucionó la normativa de traspasos del fútbol moderno. Su autor, Bosman (Bélgica, 1964) fue un futbolista que jugaba como defensa en el RFC Liège de la Primera División belga, hasta el verano de 1990, en el que el club le ofrece prolongar su contrato por un año más, oferta que rechaza por considerarla insuficiente. El  club decide entonces declararlo transferible, fijando una cláusula de indemnización por una cantidad cercana a los 12 millones de francos belgas (alrededor de 300000 Euros) a pesar de que su contrato expiraba. Un mes después, el jugador llega a un acuerdo con la US Dunkerque, pero el club francés se niega a abonar dicha cláusula, por lo que el traspaso se rompe y él queda apartado del equipo.

Entonces, Bosman presentó una demanda contra el RFC Liège, la Federación Belga de Fútbol, la UEFA y la FIFA, por considerar que la normativa de traspasos le había impedido su pase al Dunkerque. Su defensa se basó en una interpretación del Tratado de Roma del 25 de Marzo de 1957, por la cual se prohíbe que las organizaciones deportivas nacionales e internacionales establezcan reglamentaciones que limiten el acceso de los jugadores profesionales de la Comunidad Europea a las competiciones organizadas, así como que los clubes puedan exigir el pago de una cantidad de dinero por traspaso de un jugador habiendo terminado su contrato. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea en Luxemburgo dictó sentencia a favor Bosman el 15 de Diciembre de 1995, declarando ilegales las indemnizaciones por traspaso y, lo más importante, los cupos de extranjero para los jugadores pertenecientes a la Unión Europea.

Bosman, en la actualidad, arruinado
pese a la fama que le proporcionó el
caso.
Por aquél entonces, las normativas nacionales establecían un máximo de tres jugadores extranjeros en el campo al mismo tiempo por lo que la "Ley Bosman" supuso una auténtica revolución. Al dejar de ocupar plaza de extranjeros, los clubes europeos se lanzaron a una loca carrera por incorporar jugadores comunitarios - una fiebre que duró varios años y que provocó, en muchos casos, fichajes mediocres - pero que permitió también disfrutar por más tiempo sobre el terreno de juego de los mejores jugadores del mundo. Ésto tuvo como consecuencia un crecimiento considerable del seguimiento del fútbol, un "boom" a finales de los 90 que produjo sustanciosos incrementos de los contratos deportivos, los derechos de televisión y una mayor explotación de la Liga de Campeones, por poner algunos ejemplos.

Tras vencer aquella batalla judicial - bastante costosa por cierto - Bosman quedó sin empleo y cayó en la depresión y el alcohol, según publicaba recientemente el diario británico The Sun. Actualmente, lucha por dejar la bebida con el apoyo de su familia y sobrevive gracias a las subvenciones del gobierno belga. Su lucha  contra contra el sistema le llevó a la fama y cambió el fútbol moderno, pero también provocó que ningún club le quisiera ofrecercontratos por miedo a las denuncias, lo que le llevó finalmente, a la ruina.