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domingo, 27 de noviembre de 2011

Las palabras no enmascaran la realidad del Barça

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Tras la derrota en Getafe, el Barça
queda a seis puntos del Real Madrid.
El día después del pinchazo del Barça en Getafe que deja al equipo azulgrana a seis puntos del Real Madrid se ha caracterizado por el discurso general repetido por Guardiola y los suyos: la Liga no se gana en Noviembre, y aún queda mucho. Vaya por delante que el discurso es el que debe, desde luego. Volverse locos a éstas alturas y  darlo todo por perdido tan pronto no tendría sentido. Pero eso no puede enmascarar otra realidad, y es que la Liga se ha puesto difícil para el equipo culé.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Atlético y Real Madrid, doce años de distancia

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Jimmy Floyd Hasselbaink fue el 
protagonista de la última victoria
Atlética al marcar dos goles.
Mucho ha llovido desde el 30 de Octubre de 1999, pero hay una cosa que se ha mantenido invariable en todo este tiempo: el Real Madrid ha "mojado la oreja" al Atlético en cada uno de los derbys jugados desde entonces. Y es que la brecha que existe actualmente entre los equipos ha ido creciendo con el paso de las temporadas, hasta el punto de que, a día de hoy, muy pocos apostarían por una victoria rojiblanca esta noche.

Echando un poco la vista atrás y repasando la historia de aquél partido, lo cierto es que no debería sorprender tanto que el Atlético ganara en el Bernabéu aquella noche de Octubre. Por supuesto el Madrid era el favorito, como casi siempre, y cierto es que el club colchonero acabaría bajando a Segunda División al final de aquella temporada. Pero si ojeamos la alineación que presentó el Atlético en el coliseo blanco, no debe sorprender que se llevara el partido y sí - y mucho - que perdiera la categoría. A saber: Molina, el portero del doblete, bajo palos, habitual en la selección y un guardameta excelente; un lateral con recorrido y experiencia como Aguilera, y otro que comenzaba como Capdevila; dos centrales de lo mejorcito del panorama internacional, el paraguayo Gamarra y el ex-Milán Chamot; un doble pivote formado por un jugador que a mi nunca me gustó demasiado pero que cumplía en su labor de destrucción, Bejbl, y Rubén Baraja, justo antes de convertirse en uno de los mejores centrocampistas de España en el Valencia. Por la banda izquierda Santiago Solari, buen futbolista, que tras aquél año se marchó precisamente al eterno rival y en el que dejó un gran recuerdo. O el genio Valerón, que aquél día salió desde el banquillo. Más, arriba, el "Pichichi" Jimmy Floyd Hasselbaink - que hizo 24 goles aquella campaña - y José Mari, uno de los jugadores con más proyección en España por entonces, por el que el Milán pagó una auténtica millonada aquél invierno para llevárselo a Italia.

La pregunta no es por tanto cómo pudo ganar el Atlético en el Bernabéu aquél día, no. La pregunta es ¿cómo se puede bajar a Segunda División con semejante plantilla?. La respuesta, sencilla y compleja al mismo tiempo: las cosas que tiene el Atlético. Desde entonces, los rojiblancos no han vuelto a vencer al eterno rival, y la verdad es que hoy no parece el día más apropiado para romper la racha. Al menos, el fútbol siempre se guarda esa cuota de sorpresa que es la que lo hace grande. Cómo aquél 30 de Octubre, en el que el Atlético clavó por última vez su bandera rojiblanca en el Bernabéu, aunque eso sí, con unas distancias que, a mi juicio, eran otras.

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jueves, 24 de noviembre de 2011

Noah, sus bolas, y su verdad del dopaje

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Noah, con un "par de bolas". 
Supongo que cómo todo español aficionado al deporte, el fin de semana pasado me sorprendió el artículo aparecido en el diario Le Monde del ex-tenista francés Yannick Noah, en el que acusaba al deporte español de dopaje generalizado. En España ha habido casos de dopaje en los últimos años, si, sobre todo dos operaciones - Puerto y Galgo - que han levantado mucha polvareda mediática. Pero de ahí a meter a todos los deportistas españoles en el mismo saco, va una abismo.

Pensar que Lorenzo o Pedrosa le meten nandrolona a sus motos para que vayan como rayos, o que Alonso ganó sus campeonatos del mundo por la eritropoyetina que le enchufaba a su Renault - curiosidades del destino, equipo francés - parece un chiste. O que si Xavi Iniesta tocan el balón de esa manera es gracias al clembuterol que se desayunan cada mañana (Pregunta al aire: ¿llegarían Xavi, Iniesta, Silva o Jesús Navas al 1.90m con alguna "pirula" de las que alude el amigo Noah?). En fin, el caso es que meter en el saco de los tramposos a deportistas honrados y con talento, es muy injusto. Y sin poner la mano en el fuego por nadie, mientras no se demuestre lo contrario, todos los deportistas son honrados. Además los nuestros, le fastidie a quien le fastidie, tienen talento. España es un país que por cosas de la dictadura, vivió durante décadas más atrasado que otros cómo por ejemplo Francia, y por tanto su desarrollo a todos los niveles ha sido más tardío. Son las generaciones de los ochenta en adelante, que disfrutamos de mejor nivel de vida y mejores instalaciones deportivas, las que están obteniendo los mejores resultados.

Se ve que para algunas personas como Noah, eso es difícil de digerir. Supongo que es la misma sensación que tienen todos esos infelices que abuchean a Rafa Nadal cada año en Roland Garros. Ver que tu vecino "pobre" se pone deportivamente a tu nivel y te supera en muchos de ellos, parece que no lo superan. Y todo se agrava por el momento deportivo que está viviendo Francia desde hace tiempo; llevar la friolera de veintiocho años sin ganar Roland Garros o veintiséis sin ganar un Tour de Francia, son espinas profundas clavadas en el deporte francés. Y la última afrenta, la superioridad manifiesta de España en la final del Europeo de baloncesto el pasado mes de Septiembre. Pero lo fácil para calmar las frustraciones propias es atizar a lo ajeno, acusar de tramposo al que te gana cómo hacen los perdedores, en lugar de ser un poco más autocrítico. Y por supuesto, proclamar a los cuatro vientos que esa es la verdad absoluta y autodenominarte héroe porque, según tu, "eres el único con valor para decirlo".

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martes, 22 de noviembre de 2011

Puntos de oro, pero...

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El Málaga consiguió ayer ante el Racing superar una de las asignaturas pendientes de las últimas semanas - volver a ganar lejos de La Rosaleda - y se llevó tres puntos valiosos en un partido que dejaron en la balanza aspectos positivos y negativos. 

El Málaga logra un gran triunfo en Santander y afianza su puesto europeo (1-3)
El Málaga consiguió una importante victoria por 1-3 en Santander,
pero también mostró algunos aspectos del juego que deben.
La victoria era importante para mantener los puestos europeos, la ventaja con el Atlético de Madrid y el Athletic, y aprovechar los tropiezos de Sevilla y Levante, y se consiguió tras superar unos primeros quince minutos dubitativos y espesos en los que al equipo le costó entrar en el partido. Con el paso del tiempo, el Málaga fue volcando el campo hacia el terreno del Racing, que parecía cada vez más encerrado, pero en ésta fase del partido, el equipo de Pellegrini se mostró demasiado previsible. La circulación del balón fue lenta, y la movilidad de Seba Fernández y Rondón - titulares en el ataque - dejaba acciones caóticas e imprecisas. Tampoco Cazorla, Duda e Isco parecían enchufarse al partido, y eso siempre es una mala noticia para el equipo. La banda derecha existió poco - Jesús Gámez se prodigó en ataque menos de lo que acostumbra - y todo el peso se volcó en la izquierda con, otra vez, un buen partido de Monreal. A pesar de la falta de claridad, dos ocasiones clarísimas a remates de Mathijsen y Rondón - que falló incomprensiblemente en su punto fuerte, el juego aéreo - pudieron haber decantado el partido en la primera mitad.

La mejora fue progresiva con el paso de los minutos, y el primer gol llegó tras un balón que peleó "Papelito" Fernández y que Isco remachó a la red. Buen segundo tiempo del uruguayo y otro paso adelante del de El Arroyo, que cada vez parece más asentado. El gol dio la tranquilidad que necesitaba el Málaga, que pasó a controlar definitivamente el partido, y que amplió la ventaja con un remate de nuevo de Mathijsen que ésta vez, desviado por un defensa, se coló en la meta de Toño. Aún habría tiempo para que el meta del Racing se luciera con un par de buenas paradas, antes de que una contra racinguista la culminara Arana para poner el 1-2 en el marcador. Y ahí, el Málaga sufrió demasiado en un partido que tenía controlado y que no supo dormir ni matar, otro detalle para anotar de cara al futuro en la libreta de Pellegrini. Por suerte, el susto pasó definitivamente con el tercer gol, obra de Seba Fernández, que culminó su buen segundo tiempo y que dieron al Málaga una victoria merecida, tres puntos de oro, y también algunos detalles que aún deben mejorar.

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Fabriquemos escudos anti-paraguas

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El último ejemplo de que a algunos de los que van al fútbol no les sobra el cerebro se pudo ver ayer en Granada, cuando un energúmeno lanzó un paraguas que impactó en la cara del juez de línea haciéndole un corte y que provocó que el árbitro Clos Gómez, suspendiera el partido. Por si alguien se lo pregunta, es cierto que la herida no fue de gravedad, pero pienso que nadie - absolutamente nadie - debería ser agredido en ningún espectáculo deportivo por mínima que sea la agresión, así que el línea, y por extensión el colegiado, estaban en mi opinión en todo su derecho de marcharse.

Luego se ha conocido que el agresor - que fue detenido en el mismo estadio - era un chico de dieciséis años que se se encuentra bajo la tutela de un centro de acogida y, curiosamente, la Fiscalía de Menores ha concluido en su investigación que el citado paraguas estaba en mal estado y se le escapó de las manos accidentalmente. Éste tema me preocupa. ¿Cómo se te puede escapar un paraguas y pegarle a un tipo que está a diez metros en toda la cara? ¿Será que fabrican ahora misiles en forma de paraguas y no nos hemos enterado?, y sobre todo, ¿deberíamos protegernos todos ante esta nueva amenaza?. Suena todo a película de ciencia ficción, la verdad, pero no seré yo quien le quite la presunción de inocencia al chico...

Suponiendo que todo fuera un accidente, el daño ya está hecho. La imagen el juez de línea marchándose del terreno de juego de Los Cármenes con la cara ensangrentada y el colegiado Clos Gómez suspendiendo el partido, hacen daño a partes iguales al Granada C.F, a la imagen de la capital granadina y la del fútbol español. Alguien debería responder de eso. Al Granada, que había remontado con esfuerzo el gol inicial del Mallorca sólo dos minutos antes, le tocará jugar lo que resta a puerta cerrada y sin la influencia positiva que te da haber remontado un resultado adverso. Y para colmo, ésta historia ha empañado la imagen más emotiva de la jornada, el gol de Martins y la dedicatoria a su hijo enfermo. Ahora la otra cuestión es: ¿debería castigarse al Granada por ello?. Si se demuestra que el club no infringió ninguna norma de seguridad, en mi opinión, no. En un espectáculo de éste tipo, es imposible controlar a cada uno de los miles de personas que acuden al estadio, por lo que si todo se hizo acorde a la normativa, no debería haber castigo. Eso sí, el Granada y otros clubes españoles harían bien en poner un cartel a la puerta de sus estadios que diga "Animales no, Gracias". A ver si alguno se da por aludido. Aunque a decir verdad, no creo que la cabeza les de para tanto juego de palabras... 




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jueves, 17 de noviembre de 2011

Roberto Baggio, il Divino

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Roberto Baggio (Vicenza, 1967), coleta al viento y 10 a la espalda, está considerado uno de los mejores futbolistas italianos de todos los tiempos. Apodado "il Divino", Baggio se formó en el equipo de su ciudad natal, el Vicenza, donde comenzó a despuntar en Serie C. Rápidamente, un grande cómo la Fiorentina se fijó en el joven jugador, pero una rotura de ligamentos en la rodilla hicieron peligrar su carrera y su traspaso al club toscano. Baggio contaba con tan sólo dieciocho años.

Sin embargo, la Fiorentina confió en él y, tras año y medio, al fin pudo debutar en el Artemio Franchi a finales de 1986. Allí, el joven jugador se convirtió en un auténtico fenómeno; sus casi cuarenta goles en tres campañas lo convirtieron en la perla más codiciada del momento. Baggio era un futbolista elegante, imaginativo, habilidoso, con una excelente conducción de balón y un buen disparo desde media distancia. Solía jugar por detrás del punta y hacía mucho daño entrando desde la segunda línea por su velocidad y regate. Tras deslumbrar en Florencia, la Juventus se hizo con sus servicios en 1990, pagando unos 25 mil millones de liras (unos 12 millones de Euros) por él, el traspaso más caro hasta la fecha.

En Turín, Roberto Baggio jugó cinco temporadas a gran nivel, en las que ganó un Scudetto, una Copa de Italia y una Copa de la UEFA, siendo además premiado con el Balón de Oro y el FIFA World Player en 1993, y el Balón de Plata un año más tarde. Se consagró a nivel internacional en el Mundial de EEUU en 1994, en el que el genial futbolista condujo a Italia a la final del campeonato con cuatro goles en las últimas cuatro rondas del torneo y que sólo la tanda de penalties apartó de la victoria. Allí viviría uno de los momentos más duros de su carrera, al mandar a las nubes el penalty decisivo que dejaba en bandeja el título a Brasil. Un año después, a pesar de las protestas de los aficionados juventinos, Marcelo Lippi decide apostar por otro joven jugador que comenzaba a despuntar, Alessandro Del Piero, y traspasa a Baggio al Milán. Con Fabio Capello en el banquillo, suma su segundo Scudetto consecutivo, pero no alcanza el nivel de protagonismo esperado y en 1997 se marcha a Bolonia, dónde firma una temporada espectacular con 22 goles en 30 partidos. Así, es traspasado al Inter, pero allí choca de nuevo con Marcelo Lippi y decide acabar su carrera en el Brescia, tras más de trescientos goles en casi setecientos partidos oficiales, lo que lo convierten en uno de los máximos goleadores de la historia del fútbol italiano.

Tras su retirada en 2004, Roberto Baggio se dedica a tareas humanitarias - es embajador de la FAO - con campañas cómo "el deporte contra el hambre" y hace años que se declara convertido al budismo. Fue un futbolista diferente, querido dentro y fuera de los terrenos de juego, que aportó un soplo de aire fresco a un fútbol italiano cada vez más táctico, y que con su juego técnico y alegre se rebelaba ante el catenaccio.



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Menottista o Bilardista (I): El "Gatorei" de Bilardo

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¿Menottista o Bilardista? La pregunta clásica del fútbol argentino, los dos entrenadores que encumbraron a la albiceleste a la cima del mundo, y que son las dos caras de la misma moneda. Ambos hombres de fútbol, pero con estilos y métodos totalmente diferentes, tan admirados como odiados; el nombre de Carlos Bilardo (Buenos Aires, 1939), siempre irá irremediablemente acompañado de la polémica. Muchas son las anécdotas del "Doctor" en sus cuarenta años en los banquillos. En su haber, un planteamiento novedoso en el fútbol a mediados de los ochenta, con un equipo que jugaba con tres centrales para dar más libertad a los dos carrileros, y dotar de protección a su majestad Diego Armando Maradona. Con Bilardo, Argentina se convirtió en un bloque compacto y competitivo, que jugaba al ritmo del "10". Así sumó el segundo cetro Mundial para la albiceleste en 1986, se convirtió en un ídolo en su país, y las comparaciones con Menotti - que había ganado el primero, ocho años antes - llegaron...

Pero Bilardo es además otras cosas. Resultadista a toda costa, sus métodos siempre han estado bajo sospecha, y el "Doctor" nunca lo ha desmentido, más bien muestra una sonrisa cómplice. El problema es que el "Narigón" - el otro apodo por el que se le conoce cariñosamente en Argentina - cae bien...si eres Bilardista. Sus historias en los banquillos incluyen episodios como el de aquél extraño líquido que le dio a beber a Branco, lateral izquierdo de Brasil, en un Argentina-Brasil en Italia '90, y que, años después, jugadores argentinos reconocieron que contenía somníferos. El propio futbolista brasileño sigue afirmando que se sintió atontado y Bilardo nunca le negó que había algo en aquella bebida. Algunos también recordarán la famosa frase de "písalo, písalo", cuando en un Deportivo-Sevilla en 1993, mientras entrenaba al equipo andaluz, el jugador del Deportivo, Albistegui, sangraba por la nariz y el médico del Sevilla corrió a socorrerlo. Las imágenes de Bilardo indignado gritando al médico "los nuestros son los de colorado" para que no atendiera al jugador deportivista quedaron para la historia, e ilustran aquello de que "en la cancha, todo vale".

Y una de sus últimas locuras, en 2004, cuando su equipo, Estudiantes, jugaba en El Monumental ante River Plate. Bilardo, acusado por la prensa de que sus equipos no hacían buen juego en el campo, descorchó una botella de champán para "mejorar el espectáculo". La prensa lo acusó rápidamente de que en Argentina está prohibido consumir alcohol en espectáculos deportivos, y él se apresuró a afirmar de que en aquella botella no había champán, sino "Gatorei", a pesar de lo cual fue sancionado. Por supuesto, ni él mismo se lo creyó...ni siquiera los Bilardistas.